Teatro Comedia neoclásica
El sí de las niñas. Resumen y análisis.
de Leandro Fernández de Moratín (1806)
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De qué trata El sí de las niñas (resumen corto)
El sí de las niñas es una comedia de Leandro Fernández de Moratín estrenada en Madrid en 1806. Doña Francisca, Paquita, tiene dieciséis años y acaba de salir del convento de Guadalajara donde se ha educado. Su madre, doña Irene, una viuda sin dinero, la ha prometido a don Diego, un caballero rico y bondadoso de cincuenta y nueve años. Pero Paquita ama a un joven oficial al que conoce como don Félix. En una posada de Alcalá de Henares, el joven aparece y resulta ser don Carlos, el sobrino de don Diego, que, al descubrir quién es su rival, obedece a su tío y se marcha sin decir nada. De madrugada arroja una carta por la ventana de Paquita; don Diego la recoge y descubre la verdad. Comprende que la muchacha nunca lo querrá, renuncia a ella y bendice su boda con Carlos.
Sinopsis de El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín
El sí de las niñas es la obra cumbre del teatro neoclásico español y uno de los mayores éxitos teatrales de su tiempo. Moratín, hombre de la Ilustración, convierte una sencilla historia de amor en una defensa de la libertad de las jóvenes para elegir marido y en una crítica de la educación que les enseñaba a callar y a fingir. Su héroe no es un galán, sino un hombre maduro y sensato que sabe renunciar a tiempo. Con humor y ternura, la comedia plantea una pregunta que sigue siendo actual: qué vale un «sí» pronunciado por obediencia y no por amor.
Resumen de El sí de las niñas por actos
La comedia tiene tres actos en prosa y respeta con rigor las tres unidades clásicas. Toda la acción ocurre en la sala de paso de una posada de Alcalá de Henares y, según la acotación inicial, empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente, al amanecer.
Acto primero: la llegada a la posada
El secreto de don Diego. Don Diego lleva dos días encerrado en la posada para que no lo vean sus muchos conocidos de Alcalá. Allí confiesa a su criado Simón su plan: casarse con doña Paquita, a la que acaban de sacar del convento. Simón creía que la novia era para don Carlos, el sobrino militar de su amo, pero el novio es el propio don Diego, que reconoce la diferencia de edad: ella tiene dieciséis años y él, cincuenta y nueve.
Doña Irene. Llegan Paquita, su madre y la criada Rita, de visitar a una tía monja de la niña. Doña Irene, viuda tres veces, presume de parientes ilustres y asegura que su hija está encantada con la boda. Don Diego solo desea que Paquita le diga libremente lo que siente, pero la madre replica que una doncella bien educada no puede decirle a un hombre que lo quiere.
Don Félix. Mientras tanto llega Calamocha, el asistente de un joven oficial, y se encuentra con Rita. Por ellos sabemos que Paquita aceptó el compromiso por la presión de su madre y de su tía, pero llamó en su ayuda a su enamorado, que ha venido a toda prisa desde Zaragoza. Rita da la noticia a Paquita, y las dos recuerdan cómo conocieron a don Félix el año anterior en la casa de campo de un intendente, y cómo durante tres meses el joven habló con ella de noche, junto a las tapias del convento, después de una señal de tres palmadas.
Acto segundo: el sobrino obediente
La conversación con don Diego. Don Diego pide a Paquita que hable con sinceridad: los padres sensatos no mandan en estas cosas, él no quiere nada por la fuerza y, si ella siente inclinación por otro, prefiere saberlo. Pero doña Irene la interrumpe sin cesar, y Paquita, por no disgustar a su madre, acaba diciendo que está contenta.
El reencuentro. Rita avisa a Paquita de que don Félix ha llegado, y los enamorados se ven a solas. Ella le cuenta que la boda se celebrará en cuanto lleguen a Madrid, y él promete seguirla y pedir ayuda a un tío rico que lo quiere como a un hijo, aunque no dice su nombre. Paquita le asegura que no desea riquezas, sino querer y ser querida.
Tío y sobrino. Poco después sale don Diego de la habitación de doña Irene y reconoce al joven: don Félix es, en realidad, don Carlos, que comprende de golpe que el prometido de Paquita es su propio tío. Don Diego se enfada al verlo lejos de su regimiento sin permiso, y Carlos, sin revelar nada, finge que solo quería darle una sorpresa en Madrid. El tío le ordena marcharse en ese mismo momento a un mesón de las afueras y salir hacia Zaragoza de madrugada. Carlos obedece por respeto y gratitud y, al salir, se lamenta aparte de que pierde a Paquita para siempre.
El abandono. Más tarde, Simón cuenta inocentemente a Paquita que un oficial y su asistente se han ido hacia Zaragoza, y Rita lo confirma. Paquita se siente engañada y abandonada.
Acto tercero: la carta y el amanecer
La escena nocturna. Hacia las tres de la madrugada, don Diego, que no puede dormir por el calor, sale a la sala, donde duerme Simón. De pronto se oyen en la calle tres palmadas y una música. Ocultos en la oscuridad, amo y criado ven salir a Paquita y a Rita, que contesta a la señal con otras tres palmadas. Paquita habla desde la ventana con su enamorado, y el público solo oye lo que dice ella. El joven, que se va para siempre, le arroja una carta, pero antes de que ella pueda encontrarla, Simón tropieza con la jaula del tordo de doña Irene y las dos mujeres huyen asustadas.
Los celos de don Diego. Simón encuentra la carta, y don Diego, a solas, se debate entre la rabia y la vergüenza: no sabe a quién culpar y se avergüenza de sentir celos a su edad. Después de leer la carta, manda a Simón que alcance a los viajeros y haga volver al joven.
La conversación del amanecer. Mientras se hace de día, don Diego intenta que Paquita le abra su corazón. Ella le asegura que se casará para obedecer a su madre, aunque sabe que será infeliz, pero se niega a explicar su tristeza. Don Diego estalla contra una educación que enseña a las jóvenes a mentir y a callar, y cuando Paquita le suplica que no la abandone, promete protegerla.
La confesión de Carlos. Simón trae de vuelta a Carlos, y don Diego le enseña la carta. El joven cuenta que un intendente de Guadalajara lo llamó en broma don Félix de Toledo, como a los galanes de Calderón, y que nunca habló a Paquita de su familia para que lo quisiera por sí mismo. Cuando don Diego le recuerda que Paquita ha prometido darle la mano, Carlos responde que no le dará el corazón, y anuncia que se irá lejos y que desea la guerra. Al oír que alguien se acerca, don Diego lo obliga a esconderse en su cuarto.
El desenlace. Don Diego explica a doña Irene que su hija ama a otro. La viuda, entre lloros y protestas, llama a gritos a Paquita. Delante de las dos, don Diego lee la carta: «Yo me llamo don Carlos, no don Félix… Don Diego es mi tío». Doña Irene, furiosa, se lanza contra su hija, y entonces Carlos sale de su escondite para defenderla. Don Diego, que comprende que separarlos sería como matarlos, renuncia a Paquita y le dice a su sobrino que abrace a su mujer. Doña Irene acaba abrazando a su futuro yerno, y don Diego, convertido en un padre para los novios, les pide que su primer hijo sea para él, como consuelo de su vejez.
Inicio, nudo y desenlace de El sí de las niñas
- Inicio (acto primero): don Diego revela que va a casarse con Paquita, de dieciséis años, y se descubre que ella ama a un tal don Félix, que acaba de llegar a la posada.
- Nudo (acto segundo): don Félix resulta ser don Carlos, el sobrino de don Diego, que, por respeto a su tío, se marcha sin decir nada. Paquita se cree abandonada.
- Desenlace (acto tercero): la carta que Carlos arroja por la ventana revela la verdad a don Diego, que renuncia a Paquita y bendice su boda con su sobrino.
Personajes de El sí de las niñas
Personajes principales
- Doña Francisca, Paquita: tiene dieciséis años y se ha criado en un convento. Es dulce, sincera y obediente, pero la educación que ha recibido la ha acostumbrado a ocultar lo que siente. Ama a don Carlos.
- Don Diego: caballero rico, de cincuenta y nueve años, bondadoso y sensato. Representa la razón ilustrada: aunque sufre, renuncia a la joven cuando comprende que no lo ama. Es el portavoz de las ideas de Moratín.
- Doña Irene: la madre de Paquita, viuda tres veces y sin recursos. Habladora, vanidosa y quejica, decide por su hija sin escucharla.
- Don Carlos: sobrino de don Diego, teniente coronel valiente y honrado, que corteja a Paquita con el nombre falso de don Félix. Su respeto por su tío está a punto de costarle su amor.
Personajes secundarios
- Rita: la criada de Paquita, alegre, práctica y cómplice de sus amores.
- Calamocha: el asistente de don Carlos, gracioso y algo quejica, que forma con Rita la pareja cómica de criados.
- Simón: el viejo criado de don Diego, discreto y fiel.
Temas y símbolos de El sí de las niñas
Temas principales
- La libertad para elegir pareja: el matrimonio debe basarse en la voluntad de los novios, no en la conveniencia de las familias.
- El abuso de autoridad: doña Irene decide el futuro de su hija sin consultarla, y don Diego acaba denunciando la opresión que padece la juventud.
- La educación de las jóvenes: Moratín critica una enseñanza, sobre todo la de los conventos, que forma a las muchachas en la obediencia ciega, el disimulo y el miedo.
- Los matrimonios de conveniencia: una viuda pobre casa a su hija con un hombre rico que le lleva más de cuarenta años.
- La razón frente al deseo: don Diego vence sus celos con sensatez y generosidad, como el hombre ilustrado que Moratín propone como modelo.
Símbolos
- El «sí» del título: el consentimiento que las jóvenes pronuncian ante el altar por obediencia y que, por eso, no vale nada.
- La oscuridad y el amanecer: la luz del día llega cuando se descubre la verdad, y se ha visto en ello una imagen de las luces de la razón que defendía la Ilustración.
- La carta y las tres palmadas: la señal secreta de los enamorados y el papel que cae por la ventana delatan su amor y precipitan el desenlace.
Análisis de El sí de las niñas
Una comedia neoclásica
Moratín aplica el modelo neoclásico: respeta las unidades de lugar, tiempo y acción; busca la verosimilitud, con personajes de clase media y situaciones cotidianas; escribe en prosa, en lugar del verso del teatro barroco; y quiere enseñar deleitando, con una lección moral clara. Frente a las comedias de enredo de su época, llenas de disfraces y casualidades, aquí todo el equívoco se reduce a un nombre falso. Los diálogos son ágiles, y el humor corre a cargo de los criados y de las digresiones de doña Irene sobre sus difuntos maridos y sus achaques.
Contexto
Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760 – París, 1828) fue el gran dramaturgo de la Ilustración española y contó con la protección de Manuel Godoy, el poderoso ministro de Carlos IV. Ya había tratado los matrimonios desiguales en El viejo y la niña (1790). Escribió El sí de las niñas hacia 1801 y la estrenó el 24 de enero de 1806 en el Teatro de la Cruz de Madrid. Según contó él mismo, se representó veintiséis días seguidos, hasta que los teatros cerraron por la Cuaresma, algo excepcional en su época, y ese mismo año se hicieron en Madrid cuatro ediciones. El tema de las hijas cuyo destino decide una madre autoritaria reaparecerá, en clave trágica, en La casa de Bernarda Alba.
La Inquisición
La comedia molestó a los sectores más tradicionales. Como recordó Moratín años después, llegaron muchas denuncias contra ella al tribunal de la Inquisición, pero la protección de Godoy detuvo entonces el peligro. En 1815, tras la vuelta de Fernando VII, la Inquisición la prohibió, junto a otra comedia suya, La mojigata. Moratín, que había servido como afrancesado al gobierno de José Bonaparte, se marchó a Francia en 1817 y murió en el exilio.
Frases de El sí de las niñas
- «Porque no miento ni sé fingir, por eso me llaman picarona». Paquita a Rita, quejándose de su madre; acto primero.
- «En estas materias tan delicadas, los padres que tienen juicio no mandan. Insinúan, proponen, aconsejan». Don Diego a Paquita; acto segundo.
- «Si usted lo ignora, señor don Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte». Paquita; acto tercero.
- «Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación». Don Diego; acto tercero.
- «Todo se las permite, menos la sinceridad». Don Diego, en el mismo parlamento.
- «Estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas». Don Diego, en la escena final; es la frase que explica el título.
Preguntas y respuestas para estudiar El sí de las niñas
¿Quién escribió El sí de las niñas y cuándo?
Leandro Fernández de Moratín. La escribió hacia 1801, la estrenó el 24 de enero de 1806 en el Teatro de la Cruz de Madrid y ese mismo año se publicó.
¿Qué significa el título?
Se refiere al «sí» que las jóvenes daban en la boda obedeciendo a sus padres, aunque no amaran al novio. Don Diego lo explica en la última escena: no se puede confiar en ese «sí» cuando nace del miedo.
¿Dónde y cuándo transcurre la acción?
En una posada de Alcalá de Henares, entre las siete de la tarde y las cinco de la mañana siguiente. Así cumple las unidades de lugar y tiempo.
¿Quién es don Félix?
Es el nombre falso con el que don Carlos enamoró a Paquita en Guadalajara, para que lo quisiera por sí mismo y no por la fortuna de su tío.
¿Cómo termina El sí de las niñas?
Don Diego comprende que Paquita y Carlos se aman, renuncia a casarse con ella y bendice su boda. Doña Irene acepta al nuevo novio, y don Diego se convierte en un padre para los dos.
¿Por qué es una obra de la Ilustración?
Porque usa el teatro para educar: defiende la razón, la libertad y la sinceridad, critica el autoritarismo de los padres y sigue las reglas neoclásicas.
Opinión sobre El sí de las niñas
El sí de las niñas es breve, se lee en una tarde y resulta sorprendentemente moderna. Doña Irene es un personaje cómico inolvidable. Su limitación es su afán didáctico: hay poca acción, don Diego a veces sermonea y los jóvenes no se rebelan, sino que esperan a que un adulto generoso lo arregle todo, porque Moratín era un reformista, no un revolucionario. Aun así, es la mejor puerta de entrada al teatro del siglo XVIII.
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