De qué trata Otra vuelta de tuerca (resumen corto)
Otra vuelta de tuerca es una novela corta de fantasmas de Henry James. Una nochebuena, un hombre llamado Douglas lee a sus amigos el manuscrito de una institutriz ya fallecida. En él, la joven cuenta cómo un caballero de Londres la contrató para educar a sus sobrinos huérfanos, Miles y Flora, en su casa de campo de Bly, con una condición: no molestarle nunca. Allí empieza a ver a dos desconocidos que, según el ama de llaves, la señora Grose, solo pueden ser el antiguo criado Peter Quint y la institutriz anterior, la señorita Jessel, los dos muertos. Convencida de que los fantasmas quieren apoderarse de los niños, decide protegerlos a toda costa. Flora, enferma y asustada de la institutriz, es enviada a Londres. A solas con Miles, la institutriz le obliga a confesar mientras Quint aparece en la ventana, y el niño muere en sus brazos. La novela nunca aclara si los fantasmas eran reales.
Sinopsis de Otra vuelta de tuerca, de Henry James
Publicada en 1898, Otra vuelta de tuerca es una de las historias de fantasmas más célebres y discutidas de la literatura. Henry James lo cuenta todo desde el punto de vista de una institutriz joven e inexperta, sin dar al lector ninguna prueba que no pase por sus ojos. Por eso se puede leer de dos maneras: como un relato de terror en el que dos espíritus malignos acechan a unos niños, o como el retrato de una mujer que se obsesiona hasta imaginar lo que teme.
Resumen de Otra vuelta de tuerca por partes
La obra comienza con un prólogo sin numerar, contado por uno de los invitados a una reunión, al que siguen veinticuatro capítulos breves con el manuscrito de la institutriz, que nunca dice su nombre.
Prólogo: el manuscrito de Douglas
Una nochebuena, junto al fuego, un grupo de amigos se cuenta historias de fantasmas. Tras un relato en el que una aparición se presenta ante un niño, Douglas pregunta qué dirían de dos niños, si uno solo ya le da al efecto otra vuelta de tuerca. Él tiene una historia más terrible que ninguna, escrita por la que fue institutriz de su hermana, muerta hace veinte años. Cuando le traen el manuscrito de Londres, lo lee a sus amigos. El narrador aclara que Douglas se lo confió antes de morir.
La autora, hija menor de un pobre párroco rural, tenía veinte años cuando respondió a un anuncio y se presentó en una casa de Harley Street, en Londres. Allí, un caballero soltero, rico y atractivo, le explicó que se había hecho cargo de dos sobrinos al morir sus padres en la India. Los niños vivían en su casa de campo de Bly, en Essex, con el ama de llaves, la señora Grose; la institutriz anterior había muerto. El tío ponía una condición: no molestarle nunca, por ningún motivo. Deslumbrada por él, la joven aceptó.
Capítulos 1 a 3: la llegada a Bly y el hombre de la torre
En Bly la reciben la señora Grose, una mujer sencilla que no sabe leer, y Flora, una niña de ocho años de belleza angelical. Pronto llega una carta del colegio de Miles, que tiene diez años: no puede volver, aunque no se dice por qué. Cuando el niño llega, la institutriz queda fascinada por su dulzura y decide no hacer nada. Una tarde, mientras pasea sola soñando con que el tío aparezca y apruebe su trabajo, ve en lo alto de una de las torres de la casa a un hombre desconocido, sin sombrero, que la mira fijamente.
Capítulos 4 a 8: Peter Quint y la señorita Jessel
Un domingo, la institutriz vuelve a ver al hombre, que mira por la ventana del comedor, pero cuando sale no hay nadie. Por su descripción, pelirrojo, pálido y con aspecto de actor, la señora Grose lo reconoce: es Peter Quint, el antiguo ayuda de cámara del tío, que se quedó en Bly cuando su amo se marchó. Y Quint está muerto: lo encontraron una mañana de invierno en el camino del pueblo, con una herida en la cabeza, después de haber bebido.
Días después, junto al lago, mientras Flora juega de espaldas al agua, la institutriz ve en la otra orilla a una mujer de negro, pálida y terrible, que mira fijamente a la niña. Flora no dice nada, y la institutriz se convence de que la ha visto y lo disimula. La señora Grose identifica a la señorita Jessel, la institutriz anterior, y confiesa que ella y Quint eran unos «infames» que mantuvieron una relación. Además, Quint pasaba mucho tiempo con Miles. La institutriz concluye que los muertos han vuelto a por los niños y que estos lo saben.
Capítulos 9 a 13: apariciones nocturnas
Una noche, la institutriz ve a Quint en la escalera; se miran en silencio hasta que él desaparece. Otra noche ve a una mujer sentada en los peldaños, con la cabeza entre las manos, y más tarde, desde una habitación de la torre, descubre a Miles en el césped, a medianoche, mirando hacia lo alto. El niño le explica con encanto que lo ha preparado con Flora para que ella pensara, para variar, que era malo. Pero la institutriz está segura de que los niños se reúnen a escondidas con los muertos, y le dice a la señora Grose que no son suyos, sino de Quint y la señorita Jessel. Cuando el ama de llaves le propone avisar al tío, ella se niega.
Capítulos 14 a 17: la rebelión de Miles
Un domingo, de camino a la iglesia, Miles le pregunta cuándo volverá al colegio y le advierte que él mismo hará venir a su tío. Desconcertada, la institutriz vuelve a casa decidida a huir, pero en el aula encuentra a la señorita Jessel sentada a su mesa y le grita: «¡Mujer terrible y miserable!». La figura desaparece, y ella decide quedarse y escribir al tío. Esa noche le suplica a Miles que le cuente qué pasó en el colegio; de pronto, una ráfaga helada apaga la vela, y el niño dice que ha sido él.
Capítulos 18 a 20: Flora en el lago
Al día siguiente, mientras Miles toca el piano y la institutriz se olvida de todo, Flora desaparece. Convencida de que está con la señorita Jessel, la institutriz deja la carta para el tío en el vestíbulo y corre al lago con la señora Grose. Encuentran a la niña en la otra orilla. La institutriz le pregunta dónde está la señorita Jessel, la ve al otro lado del agua y la señala. Pero la señora Grose no ve nada, y Flora, con una expresión que a la institutriz le parece dura y casi fea, niega haber visto nunca a nadie, la llama cruel y suplica que se la lleven lejos de ella.
Capítulos 21 a 24: a solas con Miles
Flora cae enferma y teme a la institutriz, no a la señorita Jessel. La señora Grose se la lleva a Londres, a casa de su tío, pero antes confiesa que ha oído a la niña decir cosas horribles y que ahora cree a la institutriz. También revela que la carta nunca salió de la casa.
A solas con Miles, la institutriz le pregunta si cogió la carta, y en ese momento ve la cara de Peter Quint al otro lado del cristal. Miles confiesa que robó la carta y la quemó, y que lo expulsaron por decir ciertas cosas a algunos compañeros que le caían bien, que las repitieron.
Cuando la institutriz vuelve a gritar, Miles pregunta si «ella» está ahí y nombra a la señorita Jessel. Ella responde que no es la señorita Jessel, pero que está en la ventana. «¿Es él?», pregunta el niño, y cuando ella le exige que diga a quién se refiere, grita: «¡Peter Quint, demonio!», y pregunta dónde está. La institutriz le dice que el fantasma lo ha perdido para siempre. Miles se vuelve, pero solo ve el día tranquilo; lanza un grito como el de alguien que cae a un abismo, y ella lo sujeta con fuerza. Al cabo de un minuto comprende que el corazón del niño se ha parado. Ahí termina la novela, sin volver a Douglas.
Inicio, nudo y desenlace de Otra vuelta de tuerca
- Inicio (prólogo y capítulos 1 a 3): Douglas presenta el manuscrito; la institutriz llega a Bly y ve al hombre de la torre.
- Nudo (capítulos 4 a 20): la institutriz identifica a los fantasmas, se convence de que los niños los ven en secreto y se enfrenta a Flora en el lago.
- Desenlace (capítulos 21 a 24): a solas con Miles, la institutriz le arranca una confesión mientras Quint aparece en la ventana, y el niño muere en sus brazos.
Personajes de Otra vuelta de tuerca
Personajes principales
- La institutriz: la narradora, una joven de veinte años, imaginativa y muy responsable, que se ve a sí misma como la salvadora de los niños. Nunca sabemos su nombre.
- Miles: el niño de diez años, guapo y encantador, expulsado de su colegio por un motivo que solo se aclara a medias.
- Flora: su hermana, de ocho años, alegre y dulce, que al final se vuelve contra la institutriz.
- La señora Grose: el ama de llaves, sencilla y bondadosa. Es la confidente de la institutriz, aunque nunca ve a los fantasmas.
- Peter Quint: el antiguo ayuda de cámara del tío, un hombre vicioso que pasaba mucho tiempo con Miles.
- La señorita Jessel: la institutriz anterior, que tuvo una relación con Quint y murió tras abandonar Bly.
Personajes secundarios
- El tío: un caballero rico y despreocupado que no quiere saber nada de los niños.
- Douglas: lee el manuscrito en el prólogo.
Temas y símbolos de Otra vuelta de tuerca
Temas principales
- Lo real y lo imaginado: el lector nunca sabe si los fantasmas existen o son producto de la mente de la institutriz.
- La inocencia y la corrupción: la institutriz cree que los niños, en apariencia angelicales, han sido pervertidos por los dos criados muertos.
- La soledad y el poder: sin poder pedir ayuda al tío, la institutriz toma decisiones cada vez más extremas y, para proteger a los niños, los vigila y los presiona.
Símbolos
- La vuelta de tuerca: la tensión que aumenta poco a poco, como un tornillo que se aprieta hasta que algo se rompe.
- Las cartas: la del colegio, que nadie explica, y la de la institutriz, que Miles roba. Son mensajes que no llegan, como la verdad que nadie se atreve a decir.
Análisis de Otra vuelta de tuerca
Estructura y estilo
La historia nos llega de tercera mano: un narrador anónimo cuenta cómo Douglas leyó el manuscrito de la institutriz. El marco no se cierra, porque el libro termina con la muerte de Miles. James escribe con frases largas, llenas de matices y rodeos, y lo más importante, como los vicios de Quint o la falta de Miles, nunca se nombra.
La ambigüedad: dos maneras de leer la novela
Durante décadas se leyó como una historia de fantasmas en sentido literal. A favor de esta lectura está, por ejemplo, que la señora Grose reconoce a Quint por la descripción de la institutriz, que nunca lo había visto. En 1934, el crítico estadounidense Edmund Wilson publicó el ensayo «La ambigüedad de Henry James», en el que defendía una lectura psicológica: los fantasmas serían alucinaciones de una joven sexualmente reprimida, y el verdadero peligro para los niños sería ella misma. A favor de esta interpretación está que nadie más ve las apariciones, que Flora lo niega y que la institutriz saca conclusiones rápidas de indicios mínimos. Incluso el grito final de Miles, «¡Peter Quint, demonio!», puede ir dirigido al fantasma o a la propia institutriz. Lo más probable es que las dos lecturas convivan y que la novela no quiera decidir por nosotros.
Contexto
Henry James (Nueva York, 1843 – Londres, 1916) fue un novelista estadounidense afincado en Inglaterra, donde se nacionalizó británico en 1915. Hermano del filósofo William James, escribió novelas como Daisy Miller (1878) y Retrato de una dama (1881). En enero de 1895 anotó en su cuaderno una historia que le había contado el arzobispo de Canterbury, Edward White Benson, sobre unos criados malvados que corrompían a unos niños antes y después de morir. De esa idea nació la novela, que apareció por entregas en la revista estadounidense Collier’s Weekly entre enero y abril de 1898 y como libro en octubre de ese año, en el volumen The Two Magics. Es imprescindible en cualquier lista de libros de terror clásicos.
Adaptaciones
Destacan la ópera de Benjamin Britten (1954); la película The Innocents (1961), de Jack Clayton, con Deborah Kerr; la versión española de Eloy de la Iglesia (1985) y la serie La maldición de Bly Manor (2020), de Mike Flanagan.
Frases de Otra vuelta de tuerca
En traducción propia del original inglés:
- «Si un niño le da al efecto otra vuelta de tuerca, ¿qué me dicen de dos niños?». «¡Pues que le dan dos vueltas!». Douglas y uno de sus oyentes, en el prólogo.
- «¡Que me creyera, para variar, malo!». Miles explica por qué salió al jardín a medianoche, en el capítulo 11.
- «Fui yo quien la apagó, querida». Miles, cuando una ráfaga de aire apaga la vela, en el capítulo 17.
- «No sé qué quiere decir. No veo a nadie. No veo nada. Nunca he visto nada». Flora, junto al lago, en el capítulo 20.
- «Estábamos solos con el día tranquilo, y su pequeño corazón, desposeído, se había parado». La última frase de la novela, en el capítulo 24.
Preguntas y respuestas para estudiar Otra vuelta de tuerca
¿Quién escribió Otra vuelta de tuerca y cuándo se publicó?
Henry James, novelista estadounidense afincado en Inglaterra. Se publicó por entregas en Collier’s Weekly entre enero y abril de 1898, y en libro ese mismo año, dentro de The Two Magics.
¿Por qué se titula así?
Por un comentario de Douglas en el prólogo: si una historia de fantasmas con un niño ya le da al terror una vuelta de tuerca, una con dos niños le da dos.
¿Quiénes son Peter Quint y la señorita Jessel?
Dos antiguos empleados de Bly, ya muertos: el ayuda de cámara del tío y la institutriz anterior, que tuvieron una relación.
¿Por qué expulsan a Miles del colegio?
La carta del director no lo explica. Al final, Miles confiesa que dijo «cosas» a algunos compañeros y que estos las repitieron. Nunca se sabe qué cosas eran.
¿Los fantasmas son reales?
La novela no lo aclara. Se puede leer como una historia sobrenatural o como una historia psicológica, en la que son alucinaciones de la institutriz. Esa ambigüedad es intencionada.
¿Cómo termina Otra vuelta de tuerca?
A solas con Miles, la institutriz le obliga a confesar mientras ve a Quint en la ventana. Miles grita el nombre de Quint, no ve nada y cae en sus brazos: su corazón se ha parado.
Opinión sobre Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca no es una lectura fácil: el estilo de James es lento y enrevesado, y quien busque sustos rápidos puede impacientarse. Pero pocas obras consiguen tanto con tan poco. Todo se insinúa, y la amenaza crece hasta un final que deja helado. Además, la novela sigue abierta: cada lector la termina preguntándose qué ha leído realmente, y esa duda la ha mantenido viva durante más de un siglo.
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