Novelas Novela corta
Réquiem por un campesino español. Resumen y análisis.
de Ramón J. Sender (1953)
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De qué trata Réquiem por un campesino español (resumen corto)
Réquiem por un campesino español es una novela corta de Ramón J. Sender ambientada en un pueblo de Aragón durante la Guerra Civil. Mosén Millán, el cura, espera en la sacristía para decir una misa de réquiem por Paco el del Molino, un joven campesino fusilado hace un año, y recuerda su vida: lo bautizó, lo tuvo de monaguillo y lo casó con Águeda. Marcado desde niño por la miseria de las cuevas, Paco llegó a concejal con la República y consiguió que el pueblo dejara de pagar al duque por los pastos. Al estallar la guerra llegaron de la ciudad unos señoritos armados que empezaron a matar. Paco se escondió en las Pardinas, y mosén Millán reveló el escondite al centurión a cambio de la promesa de un juicio. Paco se entregó y lo fusilaron esa misma noche. A su misa solo acuden los tres ricos del pueblo, sus enemigos.
Sinopsis de Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender
Publicada en México en 1953 con el título Mosén Millán, es una de las grandes novelas sobre la Guerra Civil. Sender convierte la historia de un pueblo sin nombre en un retrato de la España de los años treinta: la pobreza del campo, el poder de los terratenientes, las esperanzas de la República y la violencia que acabó con ellas. Su gran acierto es contarlo desde la memoria del cura que traicionó al protagonista, un hombre débil y acomodado más que un villano. Es una novela sobre la culpa, la traición y la memoria de los vencidos.
Resumen de Réquiem por un campesino español por partes
La novela no tiene capítulos. Alterna el presente, la hora escasa que mosén Millán pasa en la sacristía, con sus recuerdos de Paco, que siguen el orden de los sacramentos que le administró: bautizo, confirmación, primera comunión, boda y extremaunción. Agrupamos el argumento en siete momentos.
La espera en la sacristía
Ha pasado un año desde la muerte de Paco el del Molino. Mosén Millán espera sentado en la sacristía, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la pared, donde los años han dejado una mancha oscura. Va a decir una misa de réquiem que nadie le ha encargado y confía en que acudan los parientes y amigos del difunto, que eran casi todo el pueblo. El monaguillo, que lo ayudó a dar la extremaunción a Paco aquella noche, entra y sale para decirle que la iglesia sigue vacía, y canturrea fragmentos del romance que el pueblo ha compuesto sobre su muerte. Cada verso devuelve al cura al pasado.
El bautizo y la infancia de Paco
Veintiséis años después, el cura aún recuerda el olor de las perdices del banquete del bautizo, en el que se sentó a la cabecera de la mesa como padre espiritual del niño. Allí estaba la Jerónima, la vieja partera y saludadora, con sus bromas groseras y sus supersticiones: había puesto bajo la almohada del niño un clavo y una llave en forma de cruz, y mosén Millán los cambió por un escapulario.
De niño, Paco escondió detrás del altar un viejo revólver con el que jugaban los chicos del pueblo, y explicó que lo guardaba para que no lo usaran otros peores que él. A los siete años lo confirmó el obispo, y Paco le dijo que quería ser labrador como su padre. El episodio decisivo es la visita a las cuevas, el lugar más pobre de la aldea, adonde acompañó al cura a dar la extremaunción a un moribundo. Paco vio la miseria de aquella gente y la prisa de mosén Millán por marcharse, y no dejó de preguntar por qué nadie los ayudaba. El cura le contestó que el hijo del enfermo estaba en la cárcel y que el viejo pronto dejaría de sufrir.
Juventud, noviazgo y boda
Con los años, Paco se aleja del cura. Descubre que los pastos de los montes pertenecen a un duque que nunca ha pisado el pueblo y que cobra por ellos a través de su administrador, don Valeriano, y le parece injusto. Corteja a Águeda a la manera tradicional. Una noche en que el alcalde ha prohibido rondar, sale a rondar igualmente y, cuando lo detiene una pareja de la Guardia Civil, les quita los fusiles y se los lleva a casa. Se gana fama de mozo atrevido. En la boda, mosén Millán le recuerda que lo bautizó, que ahora lo casa y que lo asistirá en su lecho de muerte. Ese día, el zapatero anuncia que el rey está a punto de caer, y el señor Cástulo Pérez, que busca la amistad de Paco, lleva a los novios a la estación en su coche.
Paco, concejal: la República y los montes del duque
A la vuelta del viaje de novios hay elecciones y salen concejales jóvenes contrarios al duque. Poco después, el rey se marcha de España. Las elecciones se repiten por una reclamación de don Valeriano, con el mismo resultado, y el padre de Paco le cede su puesto. Una ley de Madrid entrega a los municipios los antiguos bienes de señorío, y las cinco aldeas del municipio dejan de pagar al duque hasta que decidan los tribunales. Cuando el duque amenaza con disparar a quien entre en sus montes, Paco y el alcalde ofrecen a sus guardas un trabajo mejor pagado, y ellos entregan las armas. Don Valeriano invita a Paco a merendar para convencerlo, pero el joven se sirve vino sin que se lo ofrezcan y no cede. Ofendido, el administrador abandona el pueblo diciendo que Paco lo ha amenazado, y don Gumersindo se va también.
La llegada de los señoritos y la delación
En julio, los guardias civiles se marchan a concentrarse con los del distrito, y llegan de la ciudad unos señoritos con pistolas. Dan una paliza al zapatero, aparecen junto a un camino seis campesinos muertos y después el cadáver del zapatero. Matan de noche, entre otros a cuatro concejales, y nombran alcalde a don Valeriano, que ha vuelto con don Gumersindo. Mosén Millán solo protesta porque los han matado sin confesión. Paco ha desaparecido.
El cura visita al padre de Paco y le da a entender que ya sabe dónde está su hijo; el padre, confiado, le revela que se esconde en las Pardinas. Poco después, ante don Valeriano y el centurión, jefe de los señoritos, mosén Millán deja entrever que conoce el escondite. Acorralado, pide que Paco sea juzgado por un tribunal; el centurión se lo promete, y el cura lo delata. Al quedarse solo siente espanto de sí mismo y, a la vez, una extraña liberación. Esos días, los señoritos disparan contra las mujeres del carasol, el rincón soleado donde se reunían a charlar. Cuando van a por Paco, él los recibe a tiros.
La entrega y el fusilamiento
Mosén Millán acompaña entonces a los señoritos a las Pardinas y aconseja a Paco que se entregue para proteger a su familia: le asegura que lo juzgará un tribunal y que su castigo será la cárcel. Paco, con barba y cojeando, deja caer la carabina. Lo encierran en la cárcel del pueblo.
Por la noche llevan a Paco y a otros dos presos a las tapias del cementerio. El centurión manda llamar al cura para que los confiese, y el coche del señor Cástulo sirve de confesionario. Paco no entiende de qué debe arrepentirse y pide que suelten a los otros dos, que no han hecho nada. Los fusilan. Paco, malherido y cubierto de sangre, va tambaleándose hacia el coche murmurando que el cura lo ha denunciado, mientras mosén Millán reza con los ojos cerrados. El centurión le pone el revólver detrás de la oreja y lo remata. El cura da la extremaunción a los tres y se queda con el reloj y el pañuelo de Paco para entregárselos a la familia.
La misa de réquiem
En el presente, los tres ricos han ido llegando a la iglesia: don Valeriano, don Gumersindo y el señor Cástulo. Cada uno se ofrece a pagar la misa, y el cura no acepta. Sabe que la familia de Paco está deshecha y que el reloj y el pañuelo siguen en la sacristía, porque nunca se ha atrevido a devolverlos. De pronto, el monaguillo avisa de que ha entrado una mula en la iglesia: es el potro de Paco, que anda suelto por el templo. Entre el monaguillo y los tres ricos lo sacan. Mosén Millán se reprocha haber denunciado a Paco, pero se consuela pensando que nació, vivió y murió dentro de la Iglesia. Al final sale al altar y comienza la misa en una iglesia vacía, sin más asistentes que los tres enemigos de Paco.
Inicio, nudo y desenlace de Réquiem por un campesino español
- Inicio: un año después de la muerte de Paco, mosén Millán espera para decir una misa de réquiem y recuerda su bautizo, su infancia y la visita a las cuevas.
- Nudo: Paco llega a concejal con la República y se enfrenta al duque. Al estallar la guerra, los señoritos siembran el terror y mosén Millán revela su escondite.
- Desenlace: Paco se entrega y lo fusilan. Un año después, a su misa solo acuden los tres ricos, y su potro irrumpe en la iglesia.
Personajes de Réquiem por un campesino español
Personajes principales
- Mosén Millán: el párroco del pueblo («mosén» es el tratamiento de los sacerdotes en Aragón y Cataluña). Dice querer a Paco como a un hijo, pero es pasivo y cobarde, se pone del lado de los poderosos y acepta la injusticia porque siempre ha sido así.
- Paco el del Molino: el mozo más querido del pueblo. Generoso, valiente y rebelde, no soporta la miseria ajena y paga con su vida su enfrentamiento con el duque.
- El monaguillo: testigo de la muerte de Paco, canturrea el romance que la recuerda.
Personajes secundarios
- Águeda: la esposa de Paco, trabajadora y discreta.
- El padre de Paco: cede a su hijo su puesto de concejal y, sin querer, revela al cura su escondite.
- La Jerónima: la vieja partera y curandera, supersticiosa, deslenguada y enemiga del cura. Al final, medio loca, cuenta en el carasol los agujeros de las balas.
- El zapatero: anticlerical y bromista, quiere mantenerse neutral, pero es de los primeros asesinados.
- Don Valeriano: el administrador del duque, vanidoso e hipócrita. Los señoritos lo hacen alcalde.
- Don Gumersindo: el otro gran rico del pueblo, que presume de su bondad.
- El señor Cástulo Pérez: rico frío y calculador que juega a dos barajas. Su coche lleva a Paco a la estación el día de su boda y al cura hasta el lugar donde lo fusilan.
- El centurión y los señoritos: los forasteros armados que imponen el terror.
Temas y símbolos de Réquiem por un campesino español
Temas principales
- La culpa: la novela es el examen de conciencia de un cura que entregó a su hijo espiritual.
- La Iglesia y el poder: mosén Millán se alía con los ricos y, ante los asesinatos, solo protesta porque los muertos no se han confesado.
- La injusticia social: el conflicto nace de los pastos del duque, y los señoritos, además de matar, lo único que hacen es devolverle las tierras.
- La traición y la inocencia: Paco muere sin entender de qué debe arrepentirse, confiando en quien lo ha vendido.
- La memoria del pueblo: el romance y la iglesia vacía muestran que el pueblo no olvida.
Símbolos
- El potro: libre y suelto como su dueño, es la única presencia de Paco en su propio funeral.
- Los ojos cerrados del cura: su negativa a ver lo que ocurre a su alrededor.
- El reloj y el pañuelo: la culpa que mosén Millán no se atreve a afrontar.
- La Pasión de Cristo: Paco muere entre otros dos hombres, el jefe de sus verdugos se llama «centurión» y los ricos ofrecen por la misa treinta pesetas en total, como las monedas de Judas.
Análisis de Réquiem por un campesino español
Estructura y estilo
La novela entrelaza tres líneas: la espera del cura, que dura apenas una hora; sus recuerdos, que ocupan casi todo el libro; y el romance, que se adelanta a lo que el cura no se atreve a recordar. La primera mitad retrata con cariño la vida sencilla del pueblo; la segunda, a partir de la República, su destrucción. Sender escribe con una sobriedad extrema, con frases breves y sin discursos políticos. El narrador, en tercera persona, sigue de cerca los pensamientos del cura. El lenguaje recoge el habla rural de Aragón, con palabras como «carasol» o «pardina», y el romance imita la poesía popular con versos octosílabos.
Contexto
Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901 – San Diego, California, 1982) ganó en 1935 el Premio Nacional de Literatura con Míster Witt en el cantón. En la guerra luchó en el bando republicano, y los sublevados fusilaron en 1936 a su hermano Manuel, alcalde de Huesca, y a su esposa, Amparo Barayón. Se exilió en Francia, México y Estados Unidos, donde fue profesor universitario. Escribió la novela en el exilio: apareció en México en 1953, en la colección Aquelarre, con el título Mosén Millán, y en 1960 una edición bilingüe de la editorial neoyorquina Las Américas le dio el título definitivo, que desplaza el foco del cura al campesino. La censura impidió publicarla en España hasta 1974.
Adaptaciones
En 1985, Francesc Betriu la llevó al cine con Antonio Banderas en el papel de Paco.
Frases de Réquiem por un campesino español
La novela tiene derechos de autor, así que recogemos solo dos frases breves y muy conocidas:
- «Ahí va Paco el del Molino, que ya ha sido sentenciado». Versos del romance que canturrea el monaguillo.
- «Él me denunció…». Palabras de Paco, malherido, junto al coche donde está mosén Millán.
Preguntas y respuestas para estudiar Réquiem por un campesino español
¿Quién escribió Réquiem por un campesino español y cuándo?
El aragonés Ramón J. Sender, exiliado tras la Guerra Civil. Se publicó en México en 1953 como Mosén Millán y recibió su título definitivo en 1960.
¿Quién es mosén Millán?
El cura del pueblo. Bautizó, confirmó y casó a Paco, y después reveló su escondite a los señoritos que lo fusilaron.
¿Por qué se enfrenta Paco a don Valeriano?
Porque, como concejal, consigue que el pueblo deje de pagar al duque por los pastos, y don Valeriano es el administrador del duque.
¿Cómo termina Réquiem por un campesino español?
Paco es fusilado con otros dos campesinos en las tapias del cementerio. Un año después, a su misa solo acuden los tres ricos; el potro de Paco entra en la iglesia, lo sacan, y mosén Millán empieza la misa ante una iglesia vacía.
¿Qué simboliza el potro?
Representa a Paco, libre y rebelde. Es el único amigo del difunto que acude a la misa, y lo echan precisamente sus enemigos.
Opinión sobre Réquiem por un campesino español
Réquiem por un campesino español es una obra maestra de la brevedad. Sender hace entender las causas y la crueldad de la guerra, y crea en mosén Millán un personaje complejo: un cobarde al que casi llegamos a comprender. Los saltos entre presente y recuerdos pueden despistar al principio, y algunos personajes son más símbolos que personas, pero la historia emociona y deja preguntas incómodas sobre quienes miran hacia otro lado. Se lee bien junto a otras novelas de la guerra y la posguerra, como Nada, de Carmen Laforet.
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