Biografías y Memorias Psicología
El hombre en busca de sentido. Resumen y análisis.
de Viktor Frankl (1946)
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De qué trata El hombre en busca de sentido (resumen corto)
El hombre en busca de sentido es el libro en el que el psiquiatra austriaco Viktor Frankl cuenta su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis y extrae de ella una idea central: lo que más ayuda a una persona a resistir el sufrimiento es tener un sentido por el que vivir. En la primera parte, Frankl describe cómo reaccionaban los prisioneros en tres fases: el choque de la llegada, la apatía de la vida diaria en el campo y la difícil vuelta a la libertad. Observa que quienes conservaban una razón para seguir, como el amor por alguien o una tarea pendiente, tenían más fuerza para soportar el horror, y defiende que incluso allí al ser humano le quedaba la libertad de elegir su actitud. En la segunda parte expone los conceptos básicos de la logoterapia, la escuela de psicoterapia que fundó, basada en la búsqueda de sentido.
Sinopsis de El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl
Publicado en Viena en 1946, apenas un año después de la liberación de los campos, El hombre en busca de sentido es uno de los libros de no ficción más leídos del siglo XX: ha vendido más de diez millones de ejemplares y se ha traducido a decenas de idiomas. Es a la vez un testimonio del Holocausto y un ensayo de psicología. Frankl no se detiene tanto en los hechos como en lo que pasaba por la mente de los prisioneros, y desde esa experiencia extrema plantea preguntas que sirven para cualquier vida: qué nos mantiene en pie cuando lo perdemos todo, qué sentido tiene el sufrimiento y qué libertad nos queda cuando no podemos cambiar lo que nos ocurre. Es un libro breve, sobrio y muy humano, que se lee tanto en clases de historia como de filosofía y psicología.
Resumen de El hombre en busca de sentido por partes
El libro tiene dos partes. La primera, la más conocida, es el relato de la vida en los campos, organizado en tres fases psicológicas. La segunda es un resumen de la logoterapia. Algunas ediciones añaden un epílogo escrito en 1984 sobre lo que Frankl llama el optimismo trágico.
Primera parte: un psicólogo en un campo de concentración
Frankl aclara desde el principio que no quiere contar las grandes atrocidades, ya descritas por otros, sino el sufrimiento cotidiano del prisionero corriente, y preguntarse cómo afectaba la vida en el campo a la mente de una persona normal. Habla como alguien que lo vivió desde dentro, sin privilegios: durante la mayor parte del tiempo no trabajó como médico, sino como un prisionero más, cavando zanjas y tendiendo vías.
Primera fase: la llegada al campo
La primera reacción de los prisioneros es el choque. Frankl relata la llegada de su tren a Auschwitz y la selección: un oficial de las SS señalaba con el dedo a la izquierda o a la derecha, y de ese gesto dependía la vida o la muerte inmediata en las cámaras de gas. Los recién llegados, sin embargo, sentían lo que Frankl llama la ilusión del indulto: la esperanza absurda de que a ellos no les pasaría nada.
Esa ilusión se derrumba enseguida. Les quitan la ropa, el pelo y todas sus pertenencias. Frankl pierde el manuscrito de su primer libro, que llevaba cosido en el forro del abrigo, y siente que ya no le queda nada de su vida anterior. En esos primeros días aparecen también el humor negro y una curiosidad fría por saber qué iba a pasar. Muchos piensan en el suicidio, en lanzarse contra la alambrada electrificada, pero Frankl decide no hacerlo.
Segunda fase: la vida en el campo
Tras unos días, el prisionero entra en una fase de apatía. Deja de sentir asco, compasión o miedo ante las palizas y las muertes, porque esa insensibilidad lo protege. Todo se reduce a sobrevivir: el hambre lo domina, y las conversaciones giran en torno a la comida. Los prisioneros sufren frío, agotamiento, enfermedades y la violencia de los guardias y de los capos, prisioneros que vigilaban a los demás.
Sin embargo, Frankl descubre que la vida interior puede hacerse más intensa. Durante una marcha al amanecer, con los pies destrozados y empujado por los guardias, piensa en su mujer, sin saber si está viva, y siente que el amor es lo más alto a lo que puede aspirar el ser humano. El recuerdo, la belleza de una puesta de sol, una canción o un chiste ayudan a resistir. Los prisioneros incluso organizan pequeñas funciones con canciones y poemas.
Frankl comprueba que la esperanza influye en la supervivencia. Un compañero soñó que la guerra terminaría el 30 de marzo de 1945. Cuando llegó la fecha y la liberación no se produjo, cayó enfermo de tifus y murió el 31 de marzo. Del mismo modo, cuenta que entre la Navidad de 1944 y el Año Nuevo murieron muchos más prisioneros de lo habitual, porque habían esperado estar en casa por Navidad.
Un día, en su barracón, los prisioneros pasan una jornada sin comer porque se niegan a delatar a un hombre que ha robado unas patatas. Esa noche, con todos desanimados, Frankl les habla en la oscuridad: les recuerda que nada de lo vivido se pierde, que alguien los espera, sea un amigo, una esposa o Dios, y que su sufrimiento puede tener sentido.
De todo ello saca su conclusión principal: aunque el campo le quitaba al hombre todo, no podía quitarle la libertad de decidir cómo enfrentarse a su destino. Algunos prisioneros se comportaban como animales y otros, como santos, compartiendo su último trozo de pan. Por eso, para Frankl, en el mundo solo hay dos tipos de personas: las decentes y las indecentes, y las hay en todos los grupos. Pone como ejemplo al comandante del último campo en el que estuvo, un miembro de las SS que compraba en secreto medicinas para los prisioneros con su propio dinero.
Tercera fase: después de la liberación
Cuando por fin llega la libertad, los prisioneros no sienten alegría. Salen al campo, ven las flores y no son capaces de emocionarse: Frankl lo llama despersonalización. Hace falta tiempo para volver a sentir. Después aparecen otros peligros. Algunos, tras haber sido oprimidos, se sienten con derecho a hacer daño a otros. Muchos se llenan de amargura al ver que la gente no comprende lo que han sufrido, y otros sufren la mayor desilusión de todas: volver a casa y descubrir que ya no queda nadie esperándolos. Aun así, Frankl termina afirmando que, después de todo lo vivido, ya no hay nada que temer, salvo a Dios.
Segunda parte: conceptos básicos de logoterapia
En la segunda parte, Frankl explica su teoría. La palabra logoterapia viene del griego logos, que él interpreta como sentido. Frente a Freud, para quien el ser humano se mueve por la voluntad de placer, y a Adler, que hablaba de la voluntad de poder, Frankl defiende que la motivación principal del ser humano es la voluntad de sentido. Por eso su escuela se conoce como la tercera escuela vienesa de psicoterapia.
Cuando esa necesidad de sentido no se satisface, aparece la frustración existencial y lo que Frankl llama el vacío existencial, una sensación de aburrimiento y falta de propósito que considera muy extendida en las sociedades modernas. A veces ese vacío provoca un tipo de neurosis que no nace de conflictos psicológicos, sino de un problema espiritual.
Para Frankl, el sentido de la vida no es una idea abstracta igual para todos, sino algo concreto que cada persona debe descubrir en cada momento, y del que es responsable. Propone tres caminos para encontrarlo: crear una obra o realizar una acción; vivir algo o amar a alguien, y adoptar una actitud digna ante un sufrimiento que no se puede evitar. Pone el ejemplo de un médico anciano que no superaba la muerte de su mujer. Frankl le preguntó qué habría pasado si hubiera muerto él primero, y el hombre respondió que ella habría sufrido mucho. Su dolor cobró entonces sentido: sufría para ahorrárselo a ella.
Frankl explica también dos técnicas de su terapia: la intención paradójica, que consiste en desear precisamente aquello que se teme para quitarle fuerza al miedo, y la derreflexión, que aparta la atención del paciente de sí mismo. Defiende que el ser humano no está totalmente determinado por sus circunstancias y propone, con humor, que la Estatua de la Libertad de la costa este de Estados Unidos se complemente con una Estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.
Epílogo: el optimismo trágico
En el texto añadido en 1984, Frankl defiende que se puede decir sí a la vida a pesar de lo que él llama la tríada trágica: el dolor, la culpa y la muerte. El dolor puede convertirse en un logro humano, la culpa en una oportunidad para cambiar, y la conciencia de que la vida es pasajera en un estímulo para actuar con responsabilidad.
Ideas principales de El hombre en busca de sentido
- La voluntad de sentido: lo que mueve al ser humano no es el placer ni el poder, sino la necesidad de encontrar un sentido a su vida.
- La última libertad: aunque se le arrebate todo, una persona siempre puede elegir la actitud con la que afronta sus circunstancias.
- Tener un porqué: quien tiene una razón para vivir, como un ser querido o una tarea pendiente, soporta mejor el sufrimiento.
- Tres fuentes de sentido: el trabajo o la creación, el amor y la experiencia, y la actitud ante el sufrimiento inevitable.
- El sentido del sufrimiento: el sufrimiento no es necesario para encontrar sentido, pero cuando no se puede evitar, puede vivirse con dignidad y darle significado.
- El vacío existencial: la falta de sentido provoca aburrimiento, angustia y conductas destructivas, un problema muy frecuente en el mundo moderno.
- La responsabilidad: la libertad solo tiene valor si va unida a la responsabilidad de cada uno sobre su propia vida.
- La autotrascendencia: uno se realiza más cuando se olvida de sí mismo y se entrega a una causa o a otra persona.
- Personas decentes e indecentes: la bondad y la maldad no dependen del grupo al que se pertenece, sino de las decisiones de cada individuo.
Análisis y críticas de El hombre en busca de sentido
Contexto
Viktor Frankl (Viena, 1905 – Viena, 1997) era neurólogo y psiquiatra, y antes de la guerra ya había desarrollado las bases de la logoterapia y trabajado con pacientes con tendencias suicidas. Por ser judío, en 1942 fue deportado al gueto de Theresienstadt junto con su mujer y sus padres. En 1944 pasó por Auschwitz y después por dos campos dependientes de Dachau, Kaufering y Türkheim, donde fue liberado en abril de 1945. Su padre murió en Theresienstadt, su madre y su hermano fueron asesinados en Auschwitz, y su mujer murió en el campo de Bergen-Belsen. De vuelta en Viena, escribió el libro en apenas nueve días. Pensó publicarlo de forma anónima, con su número de prisionero, aunque al final aceptó firmarlo. Dirigió durante décadas el servicio de neurología de la Policlínica de Viena y escribió más de treinta libros.
Aportaciones
El libro dio a conocer en todo el mundo la logoterapia y abrió el camino a la psicología centrada en el sentido de la vida, que influyó en la psicología humanista y, más tarde, en la psicología positiva. Su relato de los campos es un documento valioso sobre los efectos psicológicos del encierro extremo, y sus ideas se aplican hoy en terapia, en cuidados paliativos o en el acompañamiento del duelo. En Estados Unidos, una encuesta de la Biblioteca del Congreso de 1991 lo incluyó entre los diez libros más influyentes del país.
Críticas y limitaciones
El libro también ha recibido críticas. El estudioso del Holocausto Lawrence Langer le reprochó que convirtiera Auschwitz en una lección moral optimista, como si el sentido o la actitud bastaran para sobrevivir, cuando la supervivencia dependía sobre todo del azar. El propio Frankl reconoce en el libro que los mejores de entre los prisioneros no regresaron. El historiador Timothy Pytell, autor de una biografía de Frankl, señaló que su estancia en Auschwitz fue de pocos días, mucho más breve de lo que muchos lectores suponen. Otros críticos han observado que el libro apenas menciona que la gran mayoría de las víctimas de los campos eran judías. Otros lectores consideran que la segunda parte, más técnica, resulta demasiado esquemática comparada con la fuerza del testimonio.
Frases de El hombre en busca de sentido
- «La última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal». Es la idea central de la primera parte.
- «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo». Frankl cita esta frase de Nietzsche varias veces.
- «La salvación del hombre está en el amor y a través del amor». Lo piensa Frankl al recordar a su mujer durante una marcha.
Preguntas y respuestas para estudiar El hombre en busca de sentido
¿Quién escribió El hombre en busca de sentido y cuándo?
Lo escribió el psiquiatra austriaco Viktor Frankl, superviviente de los campos nazis. Se publicó en Viena en 1946.
¿En qué campos de concentración estuvo Frankl?
En el gueto de Theresienstadt, en Auschwitz y en Kaufering y Türkheim, dos campos dependientes de Dachau, donde fue liberado en 1945.
¿Cuáles son las tres fases que describe Frankl?
La llegada al campo, marcada por el choque; la vida en el campo, dominada por la apatía, y la liberación, en la que los prisioneros sienten despersonalización, amargura y desilusión.
¿Qué es la logoterapia?
Es la escuela de psicoterapia fundada por Frankl. Parte de la idea de que la motivación principal del ser humano es encontrar un sentido a su vida, y ayuda a los pacientes a descubrirlo.
¿Cuáles son las tres formas de encontrar sentido según Frankl?
Crear una obra o hacer algo valioso, amar a alguien o vivir una experiencia, y adoptar una actitud digna ante un sufrimiento inevitable.
¿Qué es el vacío existencial?
Es la sensación de que la vida no tiene sentido, que se manifiesta sobre todo en el aburrimiento y la falta de propósito. Para Frankl es uno de los grandes problemas de la sociedad moderna.
¿Por qué ha sido criticado el libro?
Porque algunos estudiosos creen que transmite la idea de que sobrevivir a los campos dependía de la actitud, cuando dependía sobre todo de la suerte, y porque Frankl pasó en Auschwitz mucho menos tiempo del que suele creerse.
Opinión sobre El hombre en busca de sentido
El hombre en busca de sentido es un libro breve que impresiona por su serenidad. Frankl habla del lugar más terrible del siglo XX sin buscar el efecto fácil y sin odio, y aun así consigue transmitir el horror de los campos y la dignidad de quienes lo sufrieron. La primera parte es la más emocionante; la segunda, más teórica, puede resultar algo seca, pero ayuda a entender sus ideas. Conviene leerlo con espíritu crítico, recordando que ninguna actitud salvaba a nadie de una cámara de gas, pero su mensaje sobre la libertad interior y la responsabilidad sigue siendo valioso. Una lectura que deja huella.
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