Figuras literarias: qué son, tipos y ejemplos

Las figuras literarias, también llamadas recursos literarios, figuras retóricas o recursos estilísticos, son usos especiales del lenguaje que se apartan de la forma corriente de decir las cosas para llamar la atención del lector y hacer el mensaje más expresivo, más bello o más fácil de recordar. Juegan con el sonido de las palabras, como la aliteración; con su orden, como el hipérbaton, o con su significado, como la metáfora. «Figuras literarias» y «recursos literarios» se usan casi como sinónimos: en clase significan lo mismo, aunque «recurso» es un término algo más amplio. Aquí tienes las veinticuatro figuras que más se estudian en la ESO y el Bachillerato, en tres grupos, cada una con su definición y un ejemplo real de un clásico.
Para qué sirven las figuras literarias
Cuando alguien dice «me muero de hambre», nadie llama a una ambulancia: todos entendemos que exagera. Eso es una hipérbole, y demuestra que las figuras no son exclusivas de los libros. La literatura las usa a conciencia, porque el escritor quiere crear belleza y emocionar. Es la función poética del lenguaje, que explicamos en la literatura como fenómeno comunicativo. Las figuras dan musicalidad al texto, destacan una idea, expresan sentimientos que el lenguaje corriente no alcanza a decir, crean imágenes y sorprenden al lector.
Tipos de figuras literarias
No hay una clasificación única, y algunas figuras encajan en más de un grupo. La más habitual en la enseñanza española distingue tres niveles de la lengua:
- Figuras fónicas, que juegan con el sonido: aliteración, onomatopeya y paronomasia.
- Figuras gramaticales o de construcción, que juegan con la forma y el orden de las frases: anáfora, hipérbaton, polisíndeton, asíndeton, paralelismo, quiasmo, elipsis, enumeración y epíteto.
- Figuras semánticas o de pensamiento, que juegan con el significado: metáfora, símil o comparación, hipérbole, personificación o prosopopeya, antítesis, paradoja, oxímoron, ironía, metonimia, sinestesia, apóstrofe e interrogación retórica.
Figuras fónicas
Se basan en los sonidos y se perciben mejor al leer en voz alta.
Aliteración
Es la repetición de un mismo sonido, o de sonidos parecidos, en palabras cercanas, para crear un efecto musical o imitar un ruido. Un ejemplo muy citado está en la Égloga III de Garcilaso de la Vega: «En el silencio solo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba». La repetición de la ese reproduce el zumbido de las abejas en la calma del mediodía.
Onomatopeya
Es la palabra que imita el sonido de lo que nombra, como «tictac», «zumbido» o «chasquido». Antonio Machado la emplea en el poema «Hastío» para el reloj de una habitación: «Del reloj arrinconado, que en la penumbra clarea, el tic-tac acompasado odiosamente golpea». El golpeteo monótono transmite el hastío del título.
Paronomasia
Consiste en acercar dos palabras de sonido muy parecido y significado distinto. Abunda en los refranes, como uno que dice la dueña doña Rodríguez en la segunda parte del Quijote: «allá van leyes do quieren reyes». «Do» significa «donde», y el refrán, que juega con «leyes» y «reyes», quiere decir que las leyes se pliegan a la voluntad de los poderosos. Aquí tienes el resumen de Don Quijote de la Mancha.
Figuras gramaticales o de construcción
Estas figuras repiten palabras o estructuras, cambian el orden habitual, o añaden o suprimen elementos.
Anáfora
Es la repetición de una o varias palabras al principio de varios versos o frases seguidos, para insistir en una idea y dar ritmo. En La vida es sueño, de Calderón de la Barca, Segismundo cierra la segunda jornada con un monólogo que repite el verbo «sueña»: «Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza». La repetición subraya la idea central de la obra: todos vivimos como en un sueño. Lee el resumen de La vida es sueño.
Hipérbaton
Es la alteración del orden habitual de las palabras en la oración, para destacar una palabra, lograr la rima o el ritmo, o imitar la sintaxis del latín. Es famoso el comienzo de la rima LIII de Gustavo Adolfo Bécquer: «Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar». En prosa diríamos: «Las oscuras golondrinas volverán a colgar sus nidos en tu balcón». Su prosa también es muy poética, como verás en el resumen de las Leyendas de Bécquer.
Polisíndeton
Consiste en repetir conjunciones, normalmente «y» o «ni», más de lo necesario, lo que hace el ritmo más lento o transmite una acumulación intensa. En el primer acto de La Celestina, Sempronio pregunta a Calisto si no es cristiano, y este responde: «¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo». La cadena de conjunciones y la repetición del nombre muestran su obsesión: adora a Melibea como a un dios. Lo explicamos en el resumen de La Celestina.
Asíndeton
Es lo contrario: se suprimen las conjunciones que normalmente unirían las palabras o las frases, y el texto gana rapidez. En la «Profecía del Tajo», de fray Luis de León, el río apremia al rey don Rodrigo para que defienda España de la invasión musulmana: «Acude, acorre, vuela, traspasa el alta sierra, ocupa el llano». Los verbos se suceden sin ninguna «y», como si no hubiera tiempo que perder.
Paralelismo
Es la repetición de una misma estructura sintáctica en versos o frases próximos, a menudo unida a la anáfora. En el primer acto de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, don Juan presume de sus hazañas: «Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé, y en todas partes dejé memoria amarga de mí». Los tres primeros versos repiten el esquema sujeto, lugar y verbo, y el contraste entre cabañas y palacios dice que no respetó ni a pobres ni a ricos. Lee el resumen de Don Juan Tenorio.
Quiasmo
Consiste en repetir dos elementos en orden inverso, de modo que forman una especie de cruz. El nicaragüense Rubén Darío, gran poeta del modernismo, lo usa en el estribillo de «Canción de otoño en primavera»: «Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer». A «querer llorar» le responde «llorar sin querer»: el cruce expresa la confusión de quien ve escaparse su juventud.
Elipsis
Es la omisión de palabras que se sobrentienden por el contexto, muy a menudo un verbo, para ganar concisión. Un ejemplo clásico es un aforismo de Baltasar Gracián en su Oráculo manual y arte de prudencia, de 1647: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno». Completa, la frase sería «lo bueno, si es breve, es dos veces bueno». La propia frase cumple lo que dice.
Enumeración
Es la acumulación de palabras o expresiones de la misma clase, separadas normalmente por comas. Si se ordenan de más a menos intensidad, o al revés, se llama gradación. Luis de Góngora termina así el soneto «Mientras por competir con tu cabello»: «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada». Es una gradación descendente: la belleza de la joven se irá deshaciendo hasta desaparecer, y por eso el poeta la invita a disfrutar de su juventud.
Epíteto
Es el adjetivo que expresa una cualidad propia del sustantivo, como en «la blanca nieve»: no añade información, pero sí belleza o intensidad, y suele ir delante del nombre. Garcilaso los acumula en la Égloga I, en el lamento del pastor Salicio: «por ti la verde hierba, el fresco viento, el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera deseaba». En la épica medieval se llama epíteto épico a la expresión que acompaña al nombre del héroe: en el Cantar de mio Cid, el protagonista es «el que en buen ora cinxo espada», es decir, el que en buena hora se ciñó la espada. Lo verás en el resumen del Cantar de mio Cid.
Figuras semánticas o de pensamiento
Las palabras dicen algo distinto de su sentido literal, o se combinan ideas de forma sorprendente.
Metáfora
Identifica una realidad con otra por algún parecido, sin nexo comparativo. Tiene un término real, aquello de lo que se habla, y un término imaginario, aquello con lo que se identifica. Si aparecen los dos, la metáfora es impura; si solo aparece el imaginario, es pura. En el capítulo trece de la primera parte del Quijote, don Quijote describe a Dulcinea con las metáforas que los poetas dedicaban a sus damas: «sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes». Los cabellos, término real, son oro, término imaginario: rubios y brillantes como él.
Símil o comparación
Relaciona dos realidades por su parecido, pero mediante un nexo comparativo: «como», «cual», «igual que» o el verbo «parecer». En la Égloga III, Garcilaso describe a Eurídice, la esposa de Orfeo, muerta por la mordedura de una serpiente: «descolorida estaba como rosa que ha sido fuera de sazón cogida». La joven, muerta antes de tiempo, se parece a una rosa cortada antes de su momento.
Hipérbole
Es una exageración desmesurada, por encima o por debajo de lo real, para destacar una idea o provocar la risa. Francisco de Quevedo la lleva al extremo en su soneto burlesco «A una nariz»: «Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa». La nariz es tan grande que el hombre parece un añadido de ella, y no al revés.
Personificación o prosopopeya
Atribuye cualidades o acciones humanas a animales, objetos o ideas. Federico García Lorca abre el Romancero gitano, de 1928, con el «Romance de la luna, luna», en el que la luna es una mujer que quiere bailar ante un niño gitano: «La luna vino a la fragua con su polisón de nardos». Camina y viste como una dama: el polisón era el armazón que abultaba las faldas por detrás, y los nardos son flores blancas. Lorca la convirtió también en personaje en el último acto de una de sus tragedias, como verás en el resumen de Bodas de sangre.
Antítesis
Contrapone dos palabras o ideas de significado opuesto. José de Espronceda comienza El estudiante de Salamanca, de 1840, con una noche de miedo en la que «los vivos muertos parecen, los muertos la tumba dejan». A medianoche, los vivos, dormidos, parecen muertos, mientras los muertos salen de sus tumbas.
Paradoja
Une dos ideas que parecen contradictorias, pero que encierran una verdad más profunda. Santa Teresa de Jesús la convierte en el estribillo del poema que empieza «Vivo sin vivir en mí»: «que muero porque no muero». Para la mística, la verdadera vida está en Dios, después de la muerte, así que seguir viviendo en la tierra es una forma de morir.
Oxímoron
Une en una misma expresión dos palabras de significado opuesto, normalmente un sustantivo y un adjetivo. A diferencia de la paradoja, la contradicción cabe en una sola expresión. San Juan de la Cruz habla en el Cántico espiritual de «la música callada, la soledad sonora»: una música que no suena y una soledad llena de sonido, imágenes de una experiencia mística difícil de expresar.
Ironía
Consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice, y son el tono o el contexto los que la descubren. El Lazarillo de Tormes, de 1554, termina con una ironía famosa. Lázaro, casado con la criada de un arcipreste aunque todos murmuran sobre ella y su amo, cierra así su relato: «Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna». El lector entiende justo lo contrario: esa fortuna es una vida sin honra. Lo contamos en el resumen del Lazarillo de Tormes.
Metonimia
Designa una realidad con el nombre de otra con la que guarda una relación de cercanía: el autor por su obra, como en «leer a Cervantes»; el recipiente por su contenido, como en «tomar una copa», o el lugar por sus habitantes. Así ocurre en Fuenteovejuna, de Lope de Vega: cuando el juez enviado por los Reyes Católicos tortura a los vecinos para saber quién mató al comendador, todos contestan con el nombre del pueblo, como el niño que responde: «Fuenteovejuna, señor». El nombre del pueblo representa a todos sus habitantes, que asumen juntos la culpa. Puedes leer el resumen de Fuenteovejuna.
Sinestesia
Mezcla sensaciones de sentidos distintos, o atribuye a un sentido lo que es propio de otro, como en «un verde chillón». Quevedo, en el soneto que empieza «Retirado en la paz de estos desiertos», dice de sus libros: «vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos». Se escucha con los oídos, pero el poeta oye con los ojos a los autores muertos cuando los lee.
Apóstrofe
Consiste en dirigirse con emoción a alguien o algo que no puede responder: un ausente, un muerto, Dios o la naturaleza. En el primer monólogo de La vida es sueño, Segismundo, encadenado en una torre, pide cuentas al cielo: «Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo». «Apurar» significa aquí averiguar: quiere saber qué crimen ha cometido, si su único delito ha sido nacer.
Interrogación retórica
Es una pregunta que no busca respuesta, porque la respuesta es evidente o porque sirve para afirmar algo con más fuerza. En la rima XXI, Bécquer contesta a la amada que le pregunta qué es la poesía: «¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú». La segunda pregunta no espera contestación: viene a decir que ella debería saberlo.
Cómo identificar figuras literarias en un comentario de texto
En un comentario de texto, las figuras se analizan al estudiar la forma, y lo que se valora es que expliques su función, no la lista de nombres. Sigue estos pasos:
- Lee el texto varias veces y entiende el tema antes de buscar figuras.
- Léelo en voz alta para detectar sonidos que se repiten o palabras que imitan ruidos.
- Fíjate en la construcción: palabras repetidas al comienzo de los versos, estructuras que se repiten, un orden extraño, muchas conjunciones o ninguna.
- Busca lo que no se dice en sentido literal: comparaciones con «como» (símil), identificaciones sin nexo (metáfora), cosas que actúan como personas (personificación) o ideas contrarias (antítesis, paradoja, oxímoron).
- Cita el fragmento exacto entre comillas y nombra la figura. A menudo conviven varias en el mismo verso.
- Explica el efecto: qué destaca, qué emoción transmite y cómo se relaciona con el tema.
- Selecciona: mejor tres figuras bien explicadas que doce nombres sin comentario.
Ejercicios resueltos
Primer fragmento, del poema «Campo», de Antonio Machado: «La tarde está muriendo como un hogar humilde que se apaga. Allá, sobre los montes, quedan algunas brasas».
- Personificación: «la tarde está muriendo». La tarde no está viva, pero el poeta le atribuye la muerte.
- Símil: «como un hogar humilde que se apaga». El atardecer se compara con el fuego de una casa sencilla que se extingue; «hogar» es aquí el sitio donde se enciende la lumbre.
- Metáfora pura: «algunas brasas». Son los últimos resplandores rojizos del sol sobre los montes, pero solo aparece el término imaginario, que continúa la imagen del fuego.
Las tres forman una sola imagen, la de un fuego que se apaga, y transmiten la melancolía del poeta ante el final del día.
Segundo fragmento, del «Romance de la pena negra», de Lorca: «Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya».
- Metáfora pura: «las piquetas de los gallos». Las piquetas son herramientas para picar y cavar; Lorca llama así a los picos de los gallos, o a su canto agudo, que parece abrir la noche para que salga la aurora.
- Hipérbaton: «cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya». El orden habitual sería «cuando Soledad Montoya baja por el monte oscuro»; al final del verso, el nombre queda destacado.
El amanecer aparece con una imagen dura, de herramientas que golpean, y anuncia la pena de la protagonista.
Los ejemplos de esta página salen, entre otras, de estas obras, que tienes resumidas en nuestra web:
-
Cantar de mio Cid Anónimo
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La Celestina Fernando de Rojas
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El Lazarillo de Tormes Anónimo
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El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha Miguel de Cervantes Saavedra
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Bodas de sangre Federico García Lorca
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Fuenteovejuna
Lope de Vega
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La vida es sueño
Pedro Calderón de la Barca
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Don Juan Tenorio
José Zorrilla
Preguntas frecuentes sobre las figuras literarias
¿Cuántas figuras literarias hay?
No hay un número fijo. Los tratados de retórica describen muchas decenas, con nombres y clasificaciones que cambian según el autor. En la ESO y el Bachillerato se estudia una selección de las más frecuentes, como las de esta página.
¿Qué diferencia hay entre figura literaria y recurso literario?
En la práctica, ninguna: los libros de texto usan las dos expresiones como sinónimos, junto con figura retórica o recurso estilístico. Si se quiere precisar, «recurso literario» es más amplio: abarca cualquier técnica del escritor, también la rima o el punto de vista del narrador.
¿Qué diferencia hay entre metáfora y comparación?
La comparación, o símil, une las dos realidades con un nexo: «sus dientes son blancos como perlas». La metáfora las identifica directamente, sin nexo: «perlas sus dientes». Por eso la metáfora es más intensa.
¿Qué figuras literarias se usan más en poesía?
Aparecen todas, pero abundan las que dan ritmo, como la aliteración, la anáfora y el hipérbaton, y las que crean imágenes, como el epíteto, la metáfora y la personificación. La prosa también las usa, como muestran el Lazarillo o el Quijote.
¿Qué diferencia hay entre antítesis, paradoja y oxímoron?
Las tres trabajan con contrarios. La antítesis solo los contrapone: «los vivos» frente a «los muertos». La paradoja une ideas que parecen imposibles, pero esconden una verdad: «muero porque no muero». El oxímoron mete la contradicción en una sola expresión: «música callada».
¿Usamos figuras literarias al hablar?
Constantemente. «Me muero de risa» es una hipérbole; «la pata de la mesa», una metáfora tan usada que ya no la notamos; «tomar una copa», una metonimia, y «¿Tú te crees que soy tonto?», una interrogación retórica. En la literatura, el autor las elige con intención artística.
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