Novelas Nouvelle (novela corta)
San Manuel Bueno, mártir. Resumen y análisis.
de Miguel de Unamuno (1931)
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De qué trata San Manuel Bueno, mártir (resumen corto)
San Manuel Bueno, mártir es una novela corta de Miguel de Unamuno publicada en 1931. Ángela Carballino, que ya pasa de los cincuenta años, escribe sus recuerdos de don Manuel, el párroco de Valverde de Lucerna, una aldea junto a un lago, ahora que el obispo promueve su beatificación. Para todo el pueblo, don Manuel es un santo. Pero cuando Lázaro, el hermano de Ángela, vuelve de América con ideas anticlericales, descubre su secreto: don Manuel no cree en la otra vida, y sigue ejerciendo su ministerio para que su pueblo viva feliz con la esperanza que él no tiene. Lázaro se convierte en su colaborador, y Ángela también conoce la verdad. Don Manuel muere en la iglesia mientras el pueblo reza el Credo, y Blasillo, el tonto del pueblo, muere con él. Tras la muerte de Lázaro, Ángela guarda el secreto mientras el pueblo venera a su santo.
Sinopsis de San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno
Es la obra más conocida de Unamuno y una de las cumbres de la narrativa española del siglo XX. En pocas páginas reúne sus grandes obsesiones: la lucha entre la fe y la razón, el deseo de inmortalidad y el sentido de la vida. Su protagonista es un sacerdote ejemplar que no puede creer y que, sin embargo, entrega su vida a sostener la fe de los demás. El propio Unamuno escribió que había puesto en ella todo su sentimiento trágico de la vida cotidiana.
Resumen de San Manuel Bueno, mártir por partes
La novela no tiene capítulos. Se divide en 25 fragmentos o secuencias sin título ni número: los 24 primeros forman la memoria de Ángela Carballino y el último es una nota del autor. Para estudiarla puede agruparse en siete partes.
Parte 1: Ángela y la vida del santo
Ahora que el obispo de Renada promueve la beatificación de don Manuel, Ángela quiere dejar por escrito, como una confesión, lo que sabe de quien fue su verdadero padre espiritual. Lo recuerda de cuando ella tenía diez años y él unos treinta y siete: alto, erguido como la Peña del Buitre y con los ojos azules como el lago. Su hermano Lázaro, que trabaja en América y les envía dinero, hace que la manden a un colegio de monjas de Renada, y a los quince años Ángela vuelve a la aldea.
Según se decía, don Manuel había renunciado a una brillante carrera eclesiástica por no dejar Valverde de Lucerna. Arregla matrimonios, alivia a los que se creen endemoniados en la noche de San Juan y, cuando le piden un milagro, responde que no tiene licencia del obispo para hacerlos. Quiere especialmente a Blasillo el bobo, que imita su grito del Viernes Santo: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Huye de la soledad y dice que no puede salvar su alma si no salva la de su pueblo. Hay un detalle que Ángela solo comprenderá después: cuando todo el pueblo reza el Credo con una sola voz, don Manuel se calla al llegar a la resurrección de la carne y la vida perdurable. Cuando Ángela le confiesa sus dudas, él les quita importancia, pero ella intuye en sus ojos una honda tristeza.
Parte 2: el regreso de Lázaro
Cuando Ángela tiene veinticuatro años, Lázaro vuelve de América con algo de dinero y con ideas progresistas y anticlericales. Al principio Lázaro ve en el cura un ejemplo del atraso de España, pero pronto reconoce que no es como los demás, aunque le parece demasiado inteligente para creer todo lo que enseña. Antes de morir, la madre de ambos pide que don Manuel convierta a su hijo, y Lázaro le promete rezar por ella. Desde entonces, el cura y él pasean junto al lago, y Lázaro compara el alma de don Manuel con la villa que, según la leyenda, yace bajo las aguas y cuyas campanas se oyen la noche de San Juan.
Lázaro empieza a ir a misa y comulga ante todo el pueblo. Don Manuel, pálido y tembloroso, deja caer la hostia, y es el propio Lázaro quien la recoge. El pueblo llora de alegría por su conversión.
Parte 3: el secreto
Esa noche, Lázaro revela la verdad a Ángela. Don Manuel no intentó convencerlo con argumentos: le pidió que fingiera creer para no escandalizar al pueblo. Cuando Lázaro le preguntó si él mismo había acabado creyendo a fuerza de decir misa, el cura bajó la mirada al lago con los ojos llenos de lágrimas. Le explicó que la verdad es algo terrible que la gente sencilla no podría soportar, que su misión es hacer felices a sus feligreses y que todas las religiones son verdaderas en cuanto ayudan a vivir. Lázaro ha comprendido su santidad y se ha unido a su obra. Ángela solo acierta a exclamar: «¡Qué martirio!».
Poco después, en el confesonario, don Manuel pide a Ángela que, si le vienen dudas, se las calle. Ella le pregunta si él cree en la otra vida, y el cura solloza y le pide que lo dejen. Al final le pide que lo absuelva en nombre del pueblo, y Ángela lo absuelve.
Parte 4: Lázaro, colaborador de don Manuel
Lázaro se convierte en su compañero inseparable. Don Manuel le confiesa que heredó de su padre la tentación del suicidio y que el agua del lago lo llama; su vida es un combate continuo contra esa tentación, pero quiere que su pueblo viva. Rechaza la idea de fundar un sindicato católico agrario, porque la religión no está para resolver conflictos económicos, sino para consolar. Recuerda la frase de que la religión es el opio del pueblo y concluye que hay que darle ese opio para que duerma y sueñe.
Parte 5: la muerte de don Manuel
Las fuerzas del párroco decaen. En su última Semana Santa, al dar la comunión a Lázaro, le susurra que no hay más vida eterna que esta, y a Ángela le pide que rece también por Nuestro Señor Jesucristo. Cuando ella le pregunta cuál es el pecado de los hombres, él responde con el verso de Calderón en La vida es sueño: el delito mayor del hombre es haber nacido.
Sintiéndose morir, pide a los dos hermanos que cuiden de su pueblo y que lo hagan creer lo que él no pudo creer. Se compara con Moisés, que vio la tierra prometida pero no entró en ella, y pide a Lázaro que sea su Josué. Después se hace llevar en un sillón a la iglesia, bendice al pueblo y le pide que rece. Blasillo le coge la mano. Cuando todos llegan en el Credo a la resurrección de la carne y la vida perdurable, don Manuel muere. Al ir a despertar a Blasillo, lo encuentran muerto también.
Parte 6: después de don Manuel
El pueblo recoge reliquias y surge un culto en torno a su tumba. Lázaro continúa su obra, anota lo que le oyó decir y aconseja al nuevo párroco poca teología y mucha religión, pero vive cada vez más triste y muere poco después. Ángela escribe mientras nieva sobre el lago y la montaña. Piensa que don Manuel y Lázaro murieron creyendo no creer, y se pregunta si Dios no les quitaría la venda al final. Ni siquiera sabe ya qué vio y qué soñó. Al obispo, que quiere escribir la vida del santo, le ha ocultado siempre el secreto.
Parte 7: la nota final del autor
En la última secuencia, que algunas ediciones titulan «Epílogo», habla Unamuno. Dice que no puede revelar cómo llegó a sus manos la memoria de Ángela y que la publica casi sin cambios. Recuerda que Augusto Pérez, el protagonista de su novela Niebla, pretendía ser más real que su autor, y añade que el pueblo no habría entendido las palabras de don Manuel y de Lázaro, sino solo sus obras. Reconoce que en el relato no pasa nada, pero espera que sea porque en él todo queda, como quedan los lagos y las montañas.
Inicio, nudo y desenlace de San Manuel Bueno, mártir
- Inicio: Ángela recuerda su juventud en Valverde de Lucerna y retrata la vida ejemplar de don Manuel, en quien intuye una tristeza oculta.
- Nudo: Lázaro vuelve de América, comulga y revela a Ángela el secreto: el párroco no cree en la otra vida y lo calla para mantener la fe y la felicidad del pueblo.
- Desenlace: don Manuel muere en la iglesia durante el Credo, junto a Blasillo. Lázaro muere después, y Ángela escribe su memoria y guarda el secreto mientras se promueve la beatificación.
Personajes de San Manuel Bueno, mártir
Personajes principales
- Don Manuel Bueno: el párroco de Valverde de Lucerna. Bondadoso y entregado a su pueblo, vive atormentado porque no puede creer en la vida eterna. Su nombre recuerda a Emmanuel, «Dios con nosotros», y su apellido resume su conducta.
- Ángela Carballino: la narradora. Pasa de admirar al santo a ser su confidente, casi una madre espiritual para él, y su fe sencilla acaba tocada por la duda.
- Lázaro Carballino: el hermano de Ángela. Vuelve de América anticlerical y acaba como discípulo de don Manuel. Él mismo dice que el cura lo convirtió en un verdadero Lázaro, un resucitado.
Personajes secundarios
- Blasillo el bobo: el tonto del pueblo, que repite el grito de don Manuel y muere a la vez que él.
- La Simona: la madre de Ángela y Lázaro, devota de don Manuel, que muere pidiendo la conversión de su hijo.
Temas y símbolos de San Manuel Bueno, mártir
Temas principales
- La fe y la duda: don Manuel desea creer, pero no puede, y esa lucha íntima, lo que Unamuno llamaba agonía, lo consume.
- La inmortalidad: la gran obsesión de Unamuno; don Manuel calla en el Credo justo al llegar a la vida perdurable.
- La verdad y la felicidad: ¿es mejor una verdad que desespera o una ilusión que consuela? Don Manuel elige la ilusión para su pueblo.
Símbolos
- El lago: refleja el cielo como el pueblo refleja la fe de su cura, y suele leerse como imagen de la fe sencilla de la gente; pero también es la tentación de la muerte que llama a don Manuel.
- La nieve: cae sobre el lago y muere en él; al final cubre los recuerdos de Ángela y borra la frontera entre lo vivido y lo soñado.
- Los nombres: Ángela significa mensajera; Lázaro evoca al resucitado del Evangelio. Muchos críticos ven también la palabra «nada» en Renada.
Análisis de San Manuel Bueno, mártir
Estructura y estilo
Es una memoria en primera persona escrita por Ángela en la vejez. Es una narradora testigo: conoce el secreto por Lázaro y por sus conversaciones con el cura, y duda de su propia memoria. El epígrafe, de la Primera carta a los Corintios de san Pablo, anuncia el tema: si solo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres. La prosa es sencilla, con pocas descripciones y muchas paradojas, como «creyendo no creer». Las palabras del Evangelio convierten a don Manuel en una figura de Cristo, y cuando se le cae la hostia en la comunión de Lázaro canta un gallo, como en la negación de san Pedro.
Contexto
Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936) fue el gran pensador de la Generación del 98 y rector de la Universidad de Salamanca. Autor de Del sentimiento trágico de la vida y de Niebla (1914), a la que llamó nivola, dedicó su obra a la angustia ante la muerte y al ansia de inmortalidad. En 1924 la dictadura de Primo de Rivera lo desterró a Fuerteventura, y vivió exiliado en Francia hasta 1930.
Ese año visitó el lago de Sanabria, en Zamora, donde vive la leyenda de una ciudad sumergida, Valverde de Lucerna, y en noviembre fechó en Salamanca esta novela, escrita, según contó, casi de un tirón. Se publicó el 13 de marzo de 1931 en el número 461 de La Novela de Hoy, y en 1933 dio título a un volumen de Espasa-Calpe, San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más, con La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez, Un pobre hombre rico o el sentimiento cómico de la vida y Una historia de amor.
El sentido del título
Don Manuel es «san» porque su pueblo lo venera y el obispo promueve su beatificación, y «bueno» por su vida. Pero es «mártir» en un sentido nuevo: no muere por defender su fe, sino que sufre toda su vida por no tenerla y, aun así, la sostiene en los demás. Unamuno habló en el prólogo de 1933 de su martirio quijotesco.
Frases de San Manuel Bueno, mártir
- «No tengo licencia del señor obispo para hacer milagros». Don Manuel, a una madre que le pide un milagro.
- «La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella». Don Manuel a Lázaro, según cuenta este.
- «La mía es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío». Don Manuel, sobre su propia religión.
- «Ese es, hija, nuestro pecado: el de haber nacido». Don Manuel a Ángela, tras citar a Calderón.
- «Y ahora creen en san Manuel Bueno, mártir, que sin esperar inmortalidad les mantuvo en la esperanza de ella». Ángela, al final de su memoria.
Preguntas y respuestas para estudiar San Manuel Bueno, mártir
¿Quién escribió San Manuel Bueno, mártir y cuándo?
Miguel de Unamuno. La fechó en Salamanca en noviembre de 1930, se publicó en La Novela de Hoy el 13 de marzo de 1931 y apareció en libro en 1933.
¿Dónde transcurre?
En Valverde de Lucerna, una aldea imaginaria entre un lago y una montaña, inspirada en el lago de Sanabria y en San Martín de Castañeda, en Zamora.
¿Cuál es el secreto de don Manuel?
Que no cree en la otra vida ni en la resurrección. Aun así, sigue ejerciendo de sacerdote y calla sus dudas, porque piensa que su pueblo necesita esa esperanza para vivir feliz.
¿Por qué se calla don Manuel al rezar el Credo?
Porque no puede afirmar lo que no cree: se calla justo en «creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable», y su voz se pierde en la del pueblo.
¿Cómo termina San Manuel Bueno, mártir?
Don Manuel muere en la iglesia durante el Credo, y Blasillo muere a la vez. Lázaro continúa su obra y muere poco después. Ángela escribe su memoria, oculta el secreto al obispo y se pregunta si ella misma cree. Cierra el libro la nota del autor.
¿Por qué es mártir don Manuel?
Porque su martirio es interior: sufre toda su vida por no poder creer y, aun así, se sacrifica para mantener la fe y la alegría de su pueblo.
Opinión sobre San Manuel Bueno, mártir
Pocas novelas tan breves dejan tanto en qué pensar. Escenas como la comunión de Lázaro, el Credo en el que el cura calla o su muerte en la iglesia tienen una fuerza enorme, y la novela admite lecturas muy distintas, creyentes o no. La acción es escasa y la densidad de ideas puede abrumar a quien busque peripecias, pero la sencillez de la prosa la hace accesible. Imprescindible para conocer a Unamuno y una gran pregunta de la literatura: qué hacer cuando la verdad y la felicidad no coinciden.
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