De qué trata Platero y yo (resumen corto)
Platero y yo es un libro de prosa poética de Juan Ramón Jiménez formado por capítulos breves y casi independientes, en los que un poeta cuenta su vida en Moguer, su pueblo de la provincia de Huelva, en compañía de Platero, un burrito pequeño, peludo y suave, de pelo plateado. Juntos recorren los campos, las calles y las fiestas del pueblo a lo largo de un año, de una primavera al final del invierno. El narrador habla con Platero como con un amigo que lo entiende todo, y a través de sus paseos retrata el paisaje andaluz, a los niños, a los pobres, a los animales maltratados y a la gente del pueblo, mientras medita sobre la belleza, el paso del tiempo y la muerte. Al final, Platero muere después de comer, según su médico, alguna raíz mala. El poeta lo entierra al pie de un pino y le dedica el libro, convencido de que su alma lo ve desde el cielo de Moguer.
Sinopsis de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez
Platero y yo es el libro más popular de Juan Ramón Jiménez y uno de los más queridos de la literatura española del siglo XX. Aunque muchos lo leen de niños, no es un libro infantil: es una elegía, un canto al pueblo de la infancia y a todo lo que el tiempo se lleva. Junto a la ternura hacia el burrito hay una mirada crítica sobre la crueldad con los animales, la pobreza y la hipocresía. Su prosa, llena de color y de música, convierte cada capítulo en un pequeño poema.
Resumen de Platero y yo por partes
Platero y yo no tiene un argumento continuo. La edición completa reúne 138 capítulos breves que siguen, de forma aproximada, el ciclo de un año en Moguer, desde la primavera hasta el final del invierno, y se cierran con la muerte de Platero. Los agrupamos primero por estaciones y después por los temas que se repiten en el libro.
La primavera (capítulos 1 a 56)
El capítulo 1, «Platero», presenta al burrito: pequeño, peludo y suave, tan blando que parece de algodón, con unos ojos negros y duros como el azabache. Es tierno como un niño, pero fuerte por dentro, y los hombres del campo, al verlo pasar, comentan que tiene acero.
En «Mariposas blancas», un guarda de los consumos, el impuesto que se cobraba a la entrada del pueblo, quiere registrar las alforjas; el poeta le dice que lleva mariposas blancas, el hombre no ve nada y ese alimento ideal pasa sin pagar. En «Judas», el pueblo dispara el Sábado Santo contra muñecos que representan al traidor, y el narrador observa que cada uno apunta en realidad a quien odia. En «Idilio de abril», los niños traen a Platero cargado de flores amarillas, y en «El moridero» el poeta le promete que no acabará abandonado en un barranco, como otros burros, sino enterrado al pie del pino grande del huerto de la Piña. La estación termina con las carretas de «El Rocío», ante las que Platero se arrodilla, y con la procesión del «Corpus», en junio.
El verano (capítulos 57 a 76)
En «El verano», Platero sangra por las picaduras de los tábanos y el poeta abre dos sandías a la sombra de un nogal. En «Los toros», unos niños quieren llevarse a Platero a la corrida, pero el poeta se niega y prefiere escaparse con él al campo, solitario en los días de fiesta. En «Vendimia» recuerda con nostalgia los tiempos en que veinte lagares pisaban uva día y noche, y en «Sarito» aparece un muchacho negro, criado de su novia puertorriqueña, al que los vendimiadores miran con desprecio. El verano se despide con «Los fuegos» de septiembre, que asustan tanto a Platero que huye rebuznando entre las viñas.
El otoño (capítulos 77 a 107)
En «El vergel», el guarda de un jardín no deja entrar al burro, y el poeta tampoco entra. En «Alegría», Platero juega con Diana, la perra blanca, con una vieja cabra y con los niños en las tardes de octubre. «La niña chica» recuerda a una niña que adoraba a Platero y que, en el delirio de su enfermedad, seguía llamándolo; tras su entierro, el poeta se refugia en la cuadra junto al burro. En «El racimo olvidado», el poeta reparte cinco uvas entre cuatro niñas y Platero, y en «El cementerio viejo» recorre las tumbas del pueblo hasta llegar a la de su padre.
El invierno (capítulos 108 a 127)
El invierno trae algunos de los capítulos más duros. En «La yegua blanca», un vecino lleva al moridero a su yegua vieja y ciega; el animal vuelve a su puerta, el dueño la echa a palos y los chiquillos la persiguen a pedradas hasta que cae y la rematan. Pero también hay calor: en «Navidad», el poeta deja a Platero a los niños del casero, que no tienen belén, para que jueguen junto a la hoguera, y en «La corona de perejil», Platero gana una carrera a las niñas y recibe una corona de perejil. En «Carnaval», unas mujeres disfrazadas de locas lo encierran en un corro del que escapa hacia el poeta, que tampoco soporta esas fiestas.
Los niños y los pobres
Los niños están por todas partes: los de la casa, como Blanca o Pepe; los niños pobres que piden pan de puerta en puerta en «El pan»; la niña de «La carretilla», que llora junto a un carro atascado en el barro hasta que Platero lo saca, o el niño enfermo de «El niño tonto», que pasaba los días sentado a su puerta hasta que murió. El poeta mira con la misma compasión a los marginados: la familia de saltimbanquis con un mono de «Los húngaros», la muchacha de «La tísica», a la que presta a Platero para un paseo, o «Pinito», el tonto del pueblo, muerto hace años. En «El río» denuncia que el cobre de las minas de Riotinto ha envenenado las aguas y acabado con los barcos y la pesca.
Los animales
Junto a Platero aparecen Diana, la perra blanca; Lord, un fox terrier al que hubo que apartar de la familia tras morderle un perro rabioso, o Almirante, el caballo que vendieron antes de que llegara Platero. El libro denuncia la crueldad en «El perro sarnoso», en el que un guarda mata de un tiro a un perro inofensivo, o en «Los burros del arenero», apaleados con una vara. En «Asnografía», el poeta se burla de un diccionario que habla del asno con ironía y defiende la bondad de los burros frente a la de muchos hombres.
La muerte de Platero y los capítulos finales (capítulos 128 a 138)
En «La muerte», el poeta encuentra a Platero tumbado en su cama de paja, sin fuerzas para levantarse. Darbón, su médico, solo acierta a decir que se va, que habrá comido alguna raíz mala. A mediodía, Platero ha muerto, y una mariposa de tres colores revolotea por la cuadra. En «Nostalgia», el poeta le pregunta una y otra vez si los ve, y en «El borriquete» guarda sus arreos en el granero, donde los niños juegan a montar en un caballete de madera gritando su nombre.
En «Melancolía», el poeta visita con los niños la tumba, en el huerto de la Piña, al pie de un pino redondo, y en abril, entre lirios amarillos, una mariposa blanca vuela de flor en flor como si fuera el alma de Platero. Siguen la dedicatoria «A Platero, en el cielo de Moguer»; «Platero de cartón», sobre un burrito de juguete que le regalaron y que hoy le parece más Platero que el verdadero, y «A Platero, en su tierra», en el que el poeta vuelve solo a visitarlo cuando los niños ya son hombres y mujeres.
Inicio, nudo y desenlace de Platero y yo
- Inicio: el poeta presenta a Platero y empiezan sus paseos por Moguer en primavera.
- Nudo: a lo largo del año, el poeta y Platero recorren el paisaje, las fiestas y las gentes del pueblo, entre escenas alegres y otras de pobreza, crueldad y muerte.
- Desenlace: Platero muere, el poeta lo entierra en el huerto de la Piña y le dedica el libro.
Personajes de Platero y yo
Personajes principales
- El narrador: un poeta solitario y sensible, vestido de luto, al que los chiquillos llaman loco. Se identifica con el propio Juan Ramón Jiménez, que pone su nombre en el capítulo «El sello». Ama la naturaleza, a los niños y a los débiles, y desprecia la crueldad.
- Platero: el burrito del poeta, tierno, juguetón y paciente, su confidente y casi su doble: el poeta llega a pensar que sueña sus mismos sueños. Su nombre alude al color plateado de su pelo.
Personajes secundarios
- Darbón: el médico de Platero, un hombre enorme, colorado y sin dientes, que se ríe hasta acabar llorando y se acuerda de su niña al mirar hacia el cementerio viejo.
- La niña chica: una niña que adoraba a Platero y murió tras una larga enfermedad, al final del verano.
- Diana y Lord: la perra blanca de la casa y un fox terrier blanco con manchas negras traído de Sevilla, cuya última mirada el poeta no olvida.
- Gente de Moguer: Pinito, el tonto del pueblo; Lipiani, el maestro glotón; don José, el cura malhablado, y Aguedilla, la pobre loca a la que está dedicado el libro.
Temas y símbolos de Platero y yo
Temas principales
- La amistad y la ternura: la relación entre el poeta y Platero es una amistad sin palabras, hecha de compañía y de cariño.
- La naturaleza y el paso del tiempo: el libro sigue el ritmo de las estaciones y muestra que todo lo bello es pasajero.
- La muerte y el recuerdo: mueren niños, animales y amigos, y la memoria es la única forma de conservarlos.
- La crítica social: la pobreza, el maltrato a los animales y la hipocresía aparecen sin disimulo.
Símbolos
- Platero: la inocencia y la bondad, y también el alma del poeta, que el burrito lleva sobre su lomo por los caminos de Moguer.
- Las mariposas: aparecen desde el principio hasta la tumba de Platero y representan el alma y la belleza frágil.
- El pino: el refugio y la eternidad. El poeta sueña con descansar bajo el pino de la Corona, y Platero queda enterrado bajo otro pino.
Análisis de Platero y yo
Estructura y estilo
Cada capítulo funciona como un poema en prosa independiente, pero el orden de las estaciones crea un ciclo que se cierra con la muerte de Platero. Los dos últimos capítulos, fechados en Madrid en 1915 y en Moguer en 1916, añaden la mirada de quien recuerda desde lejos. Juan Ramón escribe una prosa musical, llena de colores, comparaciones y metáforas. El narrador se dirige casi siempre a Platero, lo que da al libro un tono íntimo, y mezcla el lenguaje refinado con el habla andaluza de la gente del pueblo, reproducida tal como suena.
Contexto
Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 – San Juan de Puerto Rico, 1958) es uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Tras la muerte de su padre, en 1900, sufrió una profunda depresión y pasó por sanatorios de Francia y de Madrid. En 1905 volvió a Moguer, donde escribió la mayor parte del libro, que lleva el subtítulo de Elegía andaluza y las fechas de 1907 a 1916. Él mismo explicó más tarde que Platero no era un solo burro, sino una síntesis de varios que había tenido.
La primera edición apareció en la Navidad de 1914 en la Biblioteca Juventud de Ediciones de La Lectura, en Madrid: una selección de 63 capítulos, los más idílicos, que la editorial le pidió para un público joven. Para ella escribió una «Advertencia a los hombres que lean este libro para niños», en la que asegura que no ha cambiado ni una coma. La edición completa, con 138 capítulos, se publicó en 1917 en la editorial Calleja, de Madrid. Años después, el poeta insistió en que nunca había escrito para niños.
En 1916 se casó en Nueva York con Zenobia Camprubí, y en 1936, al estallar la guerra civil, se exilió en América. En 1956 recibió el premio Nobel de Literatura por su poesía lírica, y Zenobia murió tres días después del anuncio. Si te gusta la prosa poética, lee también nuestro resumen de Los ojos verdes, de Gustavo Adolfo Bécquer.
Adaptaciones
En 1960, el compositor italiano Mario Castelnuovo-Tedesco escribió una obra para guitarra y narrador basada en el libro, y en 1968 Alfredo Castellón lo llevó al cine.
Frases de Platero y yo
La obra tiene derechos de autor, así que recogemos solo tres frases breves y muy conocidas:
- «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera…». El comienzo del capítulo 1, «Platero».
- «Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo». El final del capítulo 1.
- «Platero, tú nos ves, ¿verdad?». La pregunta que se repite en el capítulo 133, «Nostalgia».
Preguntas y respuestas para estudiar Platero y yo
¿Quién escribió Platero y yo y cuándo?
Juan Ramón Jiménez, entre 1907 y 1916, sobre todo en Moguer. La primera edición, reducida, se publicó en 1914, y la completa, en 1917.
¿Es Platero y yo un libro para niños?
No exactamente. La primera edición salió en una colección juvenil, pero el autor dejó claro que no lo escribió para niños. Es una elegía sobre la infancia, la belleza y la muerte para lectores de cualquier edad.
¿Cuántos capítulos tiene Platero y yo?
La edición completa de 1917 tiene 138 capítulos. La de 1914 solo recogía 63.
¿Cómo muere Platero?
El poeta lo encuentra tumbado en la cuadra, sin poder levantarse. Darbón, su médico, dice que habrá comido alguna raíz mala, y a mediodía Platero muere.
¿Dónde está enterrado Platero?
En el huerto de la Piña, al pie de un pino redondo, como el poeta le había prometido en el capítulo «El moridero».
¿Por qué el libro se subtitula Elegía andaluza?
Porque una elegía es un poema de lamento por una pérdida. El libro llora la muerte de Platero, pero también la infancia, el pueblo y un mundo que desaparece.
Opinión sobre Platero y yo
Platero y yo cambia con la edad del lector. De niño se recuerda a un burrito entrañable; de adulto se descubre un libro melancólico, a veces duro, que habla de la pobreza, la crueldad y la muerte con una delicadeza extraordinaria. Quien busque acción puede encontrarlo lento y algo repetitivo, y su lenguaje exige atención. Pero leído poco a poco, unos capítulos cada vez, es una de las obras más bellas de la prosa española y una lección sobre cómo mirar el mundo con ternura.
Lee este contenido a toda velocidad
¡Transforma tu experiencia de lectura con Super Lector! Disfruta de este contenido en un instante, palabra por palabra, a la velocidad que quieras. ¿Te sientes valiente? Acelera el ritmo. ¿Prefieres tomarlo con calma? Ralentízalo a tu gusto. ¡Tú tienes el control! ¡Dale vida a tu lectura y haz que las palabras vuelen!
Ajusta la velocidad a la que quieres que se reproduzcan las palabras (palabras por minuto, por defecto "200 ppm"), pulsa sobre "Reproducir" y disfruta de una lectura rápida y sin distracciones.
Velocidad del audio