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Cápsulas Literarias

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Cómo leer más rápido sin perder comprensión: qué funciona y qué es mito

  • 11 min de lectura
Cómo leer más rápido y mejorar tu comprensión lectora

Leer más rápido sin dejar de entender lo que lees es posible, pero solo hasta cierto punto. Un adulto que lee con soltura avanza ya a unas 200 a 400 palabras por minuto, y la investigación sobre la lectura muestra que, a partir de ahí, ganar velocidad casi siempre cuesta comprensión: es muy improbable doblar o triplicar la velocidad y seguir entendiendo igual. Lo que sí funciona es leer mucho y de todo para ampliar el vocabulario, conocer el tema, saber a qué vas antes de empezar y adaptar el ritmo a cada texto. Muchas promesas de la llamada lectura rápida, como suprimir la voz interior o leer una página entera de un vistazo, no tienen base científica.

¿A qué velocidad lee una persona normal?

La referencia más completa es un metaanálisis del psicólogo Marc Brysbaert, publicado en 2019 en la revista Journal of Memory and Language, que reunió 190 estudios con más de dieciocho mil participantes. Según sus datos, un adulto lee en silencio en inglés unas 238 palabras por minuto los textos de no ficción y unas 260 las novelas. La mayoría de los adultos se sitúa entre 175 y 300 palabras por minuto con los textos informativos. En voz alta, la media baja a unas 183. Brysbaert advierte de que estas cifras son más bajas que las que suelen repetirse en libros y webs.

La revisión de referencia sobre la lectura rápida, que veremos enseguida, da un margen parecido: entre 200 y 400 palabras por minuto para un lector adulto hábil. Es más rápido que escuchar: el ritmo cómodo para hablar, y el recomendado para grabar audiolibros, ronda las 150 o 160 palabras por minuto.

Para saber cuál es tu velocidad, haz esta prueba sencilla:

  1. Elige un texto de dificultad media que no hayas leído, por ejemplo el capítulo de una novela.
  2. Lee durante tres minutos exactos a tu ritmo normal, sin forzar.
  3. Cuenta las palabras leídas (puedes contar las de tres líneas, sacar la media y multiplicar por el número de líneas) y divide entre tres.
  4. Sin mirar el texto, escribe lo que recuerdas o responde a unas preguntas sobre él. La velocidad no sirve de nada si no va acompañada de comprensión.

Qué dice la ciencia sobre la lectura rápida

En 2016, cinco especialistas en psicología de la lectura, Keith Rayner, Elizabeth Schotter, Michael Masson, Mary Potter y Rebecca Treiman, publicaron en la revista Psychological Science in the Public Interest una amplia revisión titulada «So Much to Read, So Little Time» («Tanto que leer y tan poco tiempo»). Repasaron lo que se sabe sobre cómo leemos y analizaron los cursos de lectura rápida, que se popularizaron desde que Evelyn Wood lanzó su método en 1959, y las aplicaciones que prometen leer a gran velocidad.

Su conclusión principal es que existe un compromiso entre velocidad y comprensión, como en casi cualquier actividad humana. Es poco probable que alguien pase de unas 250 palabras por minuto a 500 o 750 y siga entendiendo el texto como si lo leyera a su ritmo normal. Si no necesitas una comprensión completa, leer en diagonal te permite avanzar más deprisa con una comprensión moderada. Y la manera de mantener una buena comprensión y leer algo más rápido es practicar la lectura y mejorar el dominio de la lengua, sobre todo el vocabulario.

Algunos estudios que recogen los autores lo ilustran bien:

  • En un trabajo de 1999, un grupo de adultos hizo un curso de lectura rápida. Pasaron de leer unas 280 palabras por minuto a unas 400, pero su comprensión bajó del 81 al 74 por ciento de aciertos.
  • Cuando se compararon lectores entrenados en lectura rápida, que leían a 600 o 700 palabras por minuto, con lectores normales y con personas a las que se pidió que hojearan el texto, los lectores rápidos captaban la idea general mejor que los que hojeaban, pero peor que los que leían a ritmo normal.
  • Dos graduados de un curso de lectura rápida, evaluados en un laboratorio, leyeron un manual universitario entero en menos de seis minutos, a más de quince mil palabras por minuto. Su comprensión fue muy pobre, y el investigador concluyó que su única habilidad extraordinaria era pasar las páginas con destreza.

Los autores recuerdan, de hecho, un viejo chiste de Woody Allen: después de un curso de lectura rápida leyó Guerra y paz en veinte minutos, y lo único que sabía es que trataba de Rusia.

Mitos de la lectura rápida

«Con entrenamiento puedes leer una línea o una página de un solo vistazo»

Es falso. Los experimentos con seguimiento ocular, hechos sobre todo con lectores de inglés, muestran que en cada fijación solo percibimos con utilidad unos tres o cuatro caracteres a la izquierda del punto donde miramos y unos catorce o quince a la derecha, y que solo identificamos de verdad las palabras de unos siete caracteres a la derecha: la palabra que miramos y una o dos más. No captamos nada de las líneas de arriba ni de abajo. Además, lo que limita la velocidad no es la vista, sino la capacidad de reconocer palabras y entender frases. Los entrenamientos para «ampliar la visión periférica» no han conseguido que nadie lea más deprisa con buena comprensión.

«Hay que eliminar la voz interior»

Muchos métodos aconsejan suprimir la subvocalización, esa voz que oímos en la cabeza al leer en silencio. La revisión de Rayner explica que esa voz interior ayuda a identificar las palabras y a comprender. En los experimentos en los que se impidió a los lectores usarla, por ejemplo obligándoles a repetir una palabra en voz alta mientras leían, la comprensión empeoró cuando el texto era difícil o exigía hacer inferencias. No es un mal hábito que haya que quitarse. Otra cosa es leer en voz alta o articulando cada palabra, que sí te ata a la velocidad del habla.

«Volver atrás es un vicio»

Releer una palabra o una frase forma parte de la lectura normal y sirve para corregir malentendidos. En un experimento de 2014, Elizabeth Schotter, Ranie Tran y Keith Rayner hicieron que cada palabra se tapara en cuanto los ojos del lector la dejaban atrás, de modo que era imposible releer. El resultado fue una peor comprensión, y no solo en frases ambiguas.

«Las aplicaciones que muestran palabras una a una permiten leer a mil palabras por minuto»

Estas aplicaciones usan la llamada presentación visual serial rápida: las palabras aparecen de una en una en el mismo punto de la pantalla, así que los ojos no se mueven. A un ritmo normal, la comprensión es parecida a la de la lectura habitual. Pero cuando se acelera por encima de la velocidad habitual, la comprensión y el recuerdo caen de forma clara, porque no se puede volver atrás, no se ve la palabra siguiente antes de llegar a ella y la mente no tiene tiempo de ir montando el sentido del texto.

«Los movimientos de los ojos hacen perder mucho tiempo»

Según los autores de la revisión, los movimientos oculares no suponen más del diez por ciento del tiempo total de lectura, y mientras los ojos saltan de una palabra a otra el cerebro sigue procesando lo que acaba de ver. Eliminarlos no resuelve el verdadero cuello de botella, que está en la comprensión.

Qué funciona de verdad para leer más rápido y con comprensión

Leer más, y leer de todo

Es lo que la investigación respalda con más claridad, aunque sus efectos son lentos. Las palabras frecuentes se reconocen antes que las raras, y cada vez que lees una palabra poco común se te vuelve un poco más familiar. Leer mucho y textos variados amplía el vocabulario y te acostumbra a las construcciones propias de la lengua escrita, que no siempre aparecen al hablar. Leer el mismo texto una y otra vez ayuda mucho menos.

Conocer el tema

Cuanto más sabes de un asunto, mejor anticipas lo que viene y menos tiempo necesitas en cada frase. Por eso un experto lee un artículo de su especialidad mucho más deprisa que uno de un campo desconocido. Antes de una lectura difícil, conviene situarse: saber quién es el autor, en qué época escribe y de qué trata la obra. Con una novela larga, como Don Quijote de la Mancha o Cien años de soledad, leer antes un resumen o tener a mano la lista de personajes ayuda a no perderse.

Adaptar la velocidad al objetivo

No todo se lee igual. Para buscar un dato o decidir si un texto te interesa, la lectura exploratoria es la herramienta adecuada, y según la revisión de Rayner puede ser de dos a cuatro veces más rápida que la lectura normal, a cambio de entender menos. Bien hecha, no consiste en barrer la página en zigzag, sino en fijarse en lo que más información da:

  • El índice, los títulos y los subtítulos.
  • El primer y el último párrafo de cada apartado.
  • La primera frase de cada párrafo, que suele contener la idea principal.
  • Las palabras destacadas, las tablas y los gráficos.

Después, lee con atención solo las partes que necesites. Un estudio citado en la revisión encontró que los lectores que prestaban más atención a los títulos escribían luego resúmenes más precisos. Para estudiar, en cambio, toca ir a un ritmo que te permita entenderlo todo.

Leer con un objetivo y comprobar lo que entiendes

La lectura comprensiva es activa. Antes de empezar, plantéate qué quieres sacar del texto. Al terminar cada apartado, intenta explicarlo con tus palabras sin mirar, o hazte preguntas sobre él. Una revisión sobre técnicas de estudio encabezada por John Dunlosky y publicada en 2013 en la misma revista que la de Rayner concluyó que ponerse a prueba y repartir el estudio en varias sesiones son de las estrategias más eficaces, mientras que subrayar y releer ayudan poco. Si quieres practicar, nuestras guías sobre cómo hacer un buen resumen de un texto y cómo hacer el resumen de un libro te dan un método.

Cuidar las condiciones

Las interrupciones obligan a releer y a recuperar el hilo, así que el móvil lejos y sesiones de lectura sin cortes ayudan más que cualquier truco. Sobre el soporte, un metaanálisis de 2018 firmado por Pablo Delgado, el investigador de la Universidad de Valencia Ladislao Salmerón y otros colaboradores encontró una ligera ventaja de la lectura en papel sobre la pantalla en comprensión, más clara con textos informativos y cuando se lee con prisa, y prácticamente inexistente con los textos narrativos.

¿Y el truco de seguir las líneas con el dedo o con un bolígrafo? Puede ayudarte a no perder el sitio y a mantener un ritmo constante, sobre todo si te distraes con facilidad, pero no hay pruebas de que permita entender igual a mucha más velocidad.

Ejercicios para mejorar la velocidad y la comprensión lectora

Estos ejercicios no te convertirán en un lector de mil palabras por minuto, pero te ayudarán a leer con más soltura y a entender mejor:

  1. Mide tu punto de partida con la prueba de arriba y repítela cada pocas semanas, siempre comprobando la comprensión.
  2. Explora antes de leer. Dedica dos minutos a hojear un capítulo y apunta tres ideas que creas que va a desarrollar. Después léelo y compara.
  3. Lee cada día un rato, alternando novelas, ensayo, prensa y divulgación. Leer textos variados amplía más el vocabulario que releer siempre lo mismo.
  4. Apunta las palabras que no conoces y búscalas al terminar el capítulo.
  5. Resume cada apartado en una o dos frases al acabarlo, sin mirar el texto.
  6. Relee solo lo necesario. Si al resumir descubres que algo no lo has entendido, vuelve a ese pasaje concreto.

SuperLector: qué puede hacer y qué no

En todos los resúmenes de Cápsulas Literarias tienes SuperLector, nuestra herramienta de lectura palabra a palabra. Usa precisamente la presentación visual serial rápida: las palabras del resumen aparecen de una en una en el centro de un recuadro, a la velocidad que elijas. Por defecto está en 200 palabras por minuto, puedes subirla o bajarla desde un mínimo de 50, y tiene botones para pausar y para volver a empezar. En muchas fichas, junto a SuperLector, puedes además escuchar el resumen narrado en audio.

Siendo honestos con lo que dice la investigación:

  • Lo que puede hacer: ayudarte a repasar un resumen de un tirón y sin distracciones, por ejemplo antes de un examen; obligarte a mantener la atención en el texto; y permitirte leer a un ritmo constante que tú controlas.
  • Lo que no puede hacer: entrenarte para leer al doble o al triple de velocidad entendiendo lo mismo. Cuando subes mucho la velocidad, la comprensión baja, y como no permite volver atrás, una frase difícil puede pasar sin que te enteres.

Por eso te recomendamos usarlo para repasar lo que ya has leído, a una velocidad a la que lo entiendas todo, y en sesiones cortas. Para estudiar a fondo un libro, lee el resumen con calma o descárgalo en PDF o en Word para subrayarlo y tomar notas. Prueba, por ejemplo, con el resumen de El Principito, que es breve y fácil de seguir.

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Preguntas frecuentes sobre cómo leer más rápido

¿Cuántas palabras por minuto lee una persona normal?

Un adulto lee en silencio entre 200 y 400 palabras por minuto, según la revisión de Rayner y sus colaboradores. El metaanálisis de Brysbaert sitúa la media en inglés en unas 238 palabras por minuto para textos de no ficción y unas 260 para novelas.

¿Se puede leer rápido y comprender a la vez?

Se puede leer algo más rápido sin perder comprensión, sobre todo si conoces el tema y tienes buen vocabulario. Lo que no es realista es doblar o triplicar la velocidad y entender igual: a partir de cierto punto, lo que se gana en rapidez se pierde en comprensión.

¿Funcionan los cursos de lectura rápida?

Aumentan la velocidad, pero los estudios muestran que suele ser a costa de entender menos. En la práctica, lo que enseñan se parece mucho a leer en diagonal, que es útil para buscar información o hacerse una idea general, pero no para estudiar.

¿Es malo oír una voz interior al leer?

No. La subvocalización forma parte del proceso normal de lectura y ayuda a comprender, sobre todo los textos difíciles. Lo que sí ralentiza es leer en voz alta o articulando cada palabra.

¿Cuánto tiempo se tarda en leer más rápido?

La mejora que se basa en leer más y ampliar el vocabulario es real pero lenta, como advierte la revisión de Rayner: llega con la práctica continuada, no en unos días. Desconfía de cualquier método que prometa resultados espectaculares en poco tiempo.

¿Sirven las aplicaciones de lectura palabra a palabra?

Sirven para leer con concentración a un ritmo constante y para repasar, como nuestro SuperLector. No sirven para multiplicar la velocidad sin perder comprensión, porque impiden volver atrás y no dan tiempo a procesar el texto cuando van demasiado rápido.

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